
FOUCAULT fue certero:
“No creo en absoluto que nuestra sociedad sea democrática. Si uno entiende por democracia el efectivo ejercicio del poder por una población en la que nadie esté dividido u ordenado jerárquicamente en clases, es absolutamente claro que estamos muy lejos de la democracia. Es también claro que vivimos bajo un régimen de dictadura de clases, un poder de clases que se impone a sí mismo mediante la violencia, siempre cuando los instrumentos de esa violencia son institucionales y constitucionales. Y esto ocurre en un grado que impide que exista una verdadera democracia”.
25 años de la partida de Michel Foucault
Hace ya 25 años que Michel Foucault nos dejó físicamente.
Intelectual brillante, activista comprometido, entre múltiples tareas vertió su talento en evidenciar los mecanismos que el poder utiliza en el control y subordinación de otros, aportes que actualizaron y potenciaron observaciones de Antonio Gramsci, hoy muy vigentes.
Recordemos, por una parte, un fragmento de una entrevista realizada, en 1972, en París, publicada en la revista japonesa Umi; por otra, un artículo de Josu Cristóbal De-Gregorio, respondiendo lúcidamente curiosos comentarios sobre el intelectual francés.
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Entrevista
Publicada en la revista japonesa UMI.
Extracto del texto publicado por El Viejo Topo, edición de abril de 1999.
Pregunta: La traducción japonesa de Las palabras y las cosas por desgracia aún no está terminada, mientras que la Arqueología del saber está publicada desde hace ya dos años. Esta inversión cronológica de sus obras ha provocado en Japón una serie de malentendidos para comprender su pensamiento, y concretamente lo que usted ha escrito al final de Las palabras y las cosas. La prensa japonesa le ha presentado como un "filósofo estructuralista que ha destrozado la historia del hombre" y pese a su conferencia de Tokio sobre "Retornar a la historia”, este mito persiste aún en la actualidad. Esta entrevista tiene como finalidad tratar de disipar esos malentendidos.
FOUCAULT: En Las palabras y las cosas intenté describir tipos de discursos. Me parece que la clasificación institucional, enciclopédica, pedagógica de las ciencias, por ejemplo en biología, psicología, sociología, no da cuenta de fenómenos de agrupamiento más generales que pueden ser detectados. Traté de aislar formas normativas y regladas de discursos. Por ejemplo, en los siglos XVII y XVIII existió un tipo de discurso que era a la vez descriptivo y clasificador, y que se encuentra tanto en el ámbito del lenguaje como en el de los seres vivos y la economía. Intenté mostrar cómo, en el siglo XIX, un nuevo tipo de discurso, o varios nuevos tipos de discursos, estaban a punto de formarse, de constituirse, y entre estos tipos de discursos figuraba el de las ciencias humanas. Realicé por tanto esta descripción, este análisis, si usted prefiere, de la transformación de los tipos de discursos. A lo largo de todo el libro advertí que este análisis se situaba únicamente en una esfera determinada, que no pretendía resolver en este libro el problema de saber en torno a qué realidades históricas se articulaban estos tipos de discursos, ni cuál era la razón profunda de los cambios que se podían observar en ellos. Es pues una descripción, una descripción superficial realizada de forma deliberada. Algunas críticas, dando prueba de una evidente mala fe, y en general las provenientes de marxistas empiristas y blandos a los que me enfrento con gusto, pasaron por alto las frases explícitas en las que afirmaba: "Aquí no hago más que describir, se plantean un determinado número de problemas que trataré de resolver posteriormente". Se negaron a leer estas frases y me echaron en cara que no resolvía estos problemas. Me encuentro precisamente en este momento intentando plantear estos problemas, es decir, he cambiado de nivel: tras haber analizado los tipos de discursos, intento ver cómo estos tipos de discursos pudieron formarse históricamente, y sobre qué realidades históricas se articulan. Lo que denomino "la arqueología del saber" es la relación que existe entre estos grandes tipos de discursos que se pueden observar en una cultura determinada y las condiciones históricas, económicas y políticas de su aparición y de su formación. De este modo Las palabras y las cosas se ha convertido en la Arqueología del saber, y lo que estoy a punto de comenzar a hacer se sitúa al nivel de la dinástica del saber.
Pregunta: Ha utilizado usted la expresión "marxistas blandos" pero ¿cuál es su crítica fundamental al método marxista? En Japón se plantea la cuestión de si Michel Foucault intentará superar a Marx o si está al margen de estas cuestiones.
FOUCAULT: Tengo que decir que estoy especialmente molesto por el modo en que una serie de marxistas europeos practican el análisis histórico, y también me molesta su modo de referirse a Marx. Recientemente leí un artículo, por otra parte muy bueno, en La Pensée. Este artículo está escrito por un joven, al que conozco bien; es un colaborador de Althusser y se llama Balibar. Balibar ha escrito un artículo muy notable sobre el problema del Estado y de la transformación del Estado según Marx. Este artículo me interesa, pero no pude dejar de sonreír cuando lo leí porque en él se trata de mostrar en veinte páginas, a partir de una o dos frases de Marx, que éste había previsto claramente la transformación del aparato del Estado en el interior del proceso revolucionario, en cierto modo desde el inicio mismo del proceso revolucionario. Balibar muestra, con una gran erudición, con una gran capacidad para el comentario de textos, que Marx había dicho esto, que lo había previsto. Admiro por tanto este artículo ya que es un buen análisis textual, y sonrío porque conozco la razón por la cual Balibar hace esto. Lo hace porque, de hecho, en la práctica real de la política, en los procesos revolucionarios reales, la solidez, la permanencia del aparato del estado burgués, incluso en los Estados socialistas, es un problema con el que uno se encuentra actualmente. Pero me parece importante plantear este problema a partir de datos históricos reales que están a nuestra disposición, estudiar la permanencia de las estructuras del Estado, por ejemplo, la permanencia de la estructura del ejército zarista en el interior del propio ejército rojo en la época de Trotski, permanencia que constituye un proceso histórico real. Me parece también que el problema marxista del Estado se debe resolver a partir de problemas como éstos, y no a partir de un análisis de textos para saber si Marx lo había previsto o no...Pregunta: Es decir, a partir de un proceso histórico...
FOUCAULT: A partir de un proceso de la realidad histórica que el propio Marx permitió pensar, ya que él estableció un determinado número de planos, un determinado número de mecanismos y modos de funcionamiento. Si podemos hacer todos estos análisis se lo debemos a Marx. Y esto es algo absolutamente claro. Pero, después de todo, incluso si Marx no hubiese llegado a decir absolutamente todo lo que es necesario pensar actualmente sobre el Estado, con los instrumentos que nos proporcionó podríamos reflexionar sobre una realidad histórica y hacer avanzar el análisis, y ello no sólo en lo que se refiere al contenido sino también a las formas, los instrumentos, y esto ya me parecería suficiente. A mi no se me plantea la necesidad de estar convencido de que Marx previó la urgencia de transformar el Estado desde el comienzo mismo del proceso revolucionario. No necesito que Marx haya dicho esto para estar convencido de que es una tarea que es preciso hacer. El estudio de la realidad sociohistórica es un terreno que me interesa. El primer reproche, por tanto, que planteo a estos marxistas que denomino "blandos", es la desconfianza que tienen respecto al material histórico, a la realidad histórica con la que se enfrentan, y su respeto infinito por los textos, algo que los encadena necesariamente a la tradición académica del comentario de textos. Se cierran en banda en el academicismo movidos incluso por su respeto a los textos de Marx. Éste es mi primer reproche. Mi segundo reproche está ligado al primero, y se refiere a la historia. Me parece que también en esto un grupo de marxistas, no digo absolutamente todos, pero sí una serie de marxistas están de tal forma aprisionados por el canon, prendidos en las reglas que han creído extraer de los textos de Marx, que no son capaces de realizar un análisis histórico efectivo. Voy a poner un ejemplo: la historia de las ciencias es sin duda un campo enormemente importante al que se han incorporado toda una serie de conceptos, de métodos, de perspectivas útiles que debemos a Marx. Pues bien, la verdad es que la historia de las ciencias, en la tradición marxista que podemos denominar ortodoxa, fue desde muy pronto esbozada por Engels. También, hasta cierto punto, ha sido esbozada por Lenin en su libro sobre el Empiriocriticismo. En realidad, cualquiera que fuese la competencia de Engels, que era grande, el estado de las ciencias cambió enormemente nuestras perspectivas, cambió desde los tiempos en que ellos escribían uno el Anti- Duhring o la Dialéctica de la Naturaleza, y el otro el Empiriocriticismo. En realidad su perspectiva no era la de hacer la historia de las ciencias, sino algo absolutamente distinto. Estaban implicados en una polémica ideológica o teórica, y al mismo tiempo política, librada contra una serie de personajes de la época. Se puede por tanto afirmar que el campo de la historia de las ciencias se mantuvo virgen y que ninguna tradición marxista se ha adentrado todavía en él. A mi juicio este campo seria estéril si se pretendiese abordarlo únicamente a partir de conceptos, o de métodos, o de temas retomados de los textos de Marx o de Lenin. En esto consiste por tanto el reproche de pereza, el reproche de academicismo, el reproche de falta de inventiva que yo critico en todos aquellos a los que denomino marxistas "blandos".
Pregunta: Se contentan con recurrir al comentario de la época clásica. Van así comentando palabra por palabra...
FOUCAULT: Así es. Han clausurado el uso que se puede hacer de Marx y lo han encorsetado en el interior de una tradición puramente académica. Esto, por otra parte, es algo interesante, pues ellos mismos se encuentran pillados en el interior de una extraña contradicción, Y así, por un lado, dicen: el marxismo es una ciencia. Es posible que, por ser en cierto modo un historiador de las ciencias, no me parezca ningún cumplido decir de un tipo de discurso que es una ciencia. No creo que un tipo de discurso se vea sacralizado o realmente valorado por el hecho de decir que es un discurso científico. Me parece, en todo caso, que un discurso científico se caracteriza, al menos actualmente, por un determinado número de rasgos y, entre ellos, por los siguientes: toda ciencia tiene un fundador, pero el desarrollo histórico de esta ciencia no es nunca, ni puede ser, el puro y simple comentario de texto de ese autor. Si bien es cierto que la física fue fundada por Galileo, precisamente en nombre de la cientificidad de la física podemos saber hasta dónde llegó Galileo, hasta dónde por tanto no llegó..., en qué se equivocó. Lo mismo ocurre con Newton, con Cuvier o con Darwin. Los marxistas, algunos marxistas que consideran el marxismo como una ciencia, deben saber, en nombre de esa ciencia y a partir de ella, en qué se equivocó Marx. Cuando un marxista me dice que el marxismo es una ciencia yo le respondo: creeré que usted practica el marxismo como una ciencia el día en que me muestre, en nombre de esta ciencia, en qué se equivocó Marx.
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¿Entender a Foucault?
Chomsky, la izquierda y el disparate ético
Josu Cristóbal De-Gregorio.
Profesor de Filosofía del Derecho. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), España. jcristobal@der.uned.es
En un artículo publicado en Rebelión el 27 de noviembre [de 2006], con el sugestivo título "Chomsky contra Foucault, 35 años después", su autor, Darwin Palermo, nos trae a la memoria un interesante debate que tuvo lugar en 1971 en la televisión holandesa entre el lingüista estadounidense Noam Chomsky y el filósofo francés Michel Foucault.Concretamente encabeza dicho artículo con estas palabras de Chomsky pronunciadas veinte años después del debate: “Nunca he conocido a nadie que fuera tan completamente amoral. Generalmente cuando se habla con alguien, uno da por sentado que se comparte algún territorio moral. Con él me sentí, sin embargo, como si estuviera hablando con alguien que no habitara el mismo universo moral. Personalmente me resultó simpático. Pero no pude entenderlo, como si fuera de otra especie o algo así”.Creo comprender la sensación que todavía en aquella época le produjeron a Chomsky las posturas radicales de Foucault, ya que efectivamente los dos pensadores habitaban universos éticos distintos. Pero con ser interesante esta cuestión, en lo que sigue me voy a referir al contenido del artículo del Sr. Palermo, ya que en el mismo se vierten, de forma ciertamente simplista, una serie de opiniones sobre el filósofo francés que, en el mejor de los casos, parecen producto de una auténtica ignorancia. Opiniones que, por cierto, se unen a la moda existente entre ciertos sectores de la izquierda, de descalificar in toto el pensamiento filosófico francés –parisino, dirían algunos- de la segunda mitad del siglo pasado.
Intentando resumir las posiciones enfrentadas en el debate, Darwin Palermo acaba convirtiendo al bueno de Chomsky en una mala caricatura de sí mismo, con posturas que suscribiría hasta Benedicto XVI o el mismísimo George W. Bush: “Chomsky mantenía posiciones ilustradas razonablemente sensatas (matar y oprimir está mal, la igualdad y la libertad están bien… cosas así)”. Aquí termina la contribución al análisis de la figura del lingüista norteamericano, pues, como se verá a continuación, lo que le interesa de verdad es disparar sobre Foucault. En efecto, si tremendamente simplista es la interpretación sobre las palabras de Chomsky, directamente delirante es la interpretación que sobre la postura de Foucault vierte en su artículo, buscando con ello demostrar que la posición política del pensador francés, al contrario de las razonadamente ilustradas, es un auténtico disparate ético. Dice así: “El encuentro tiene interés porque pone de manifiesto la enorme distancia moral que separa a dos autores que supuestamente se movían en espacios ideológicos cercanos o, en otras palabras, muestra hasta qué punto las posiciones políticas de izquierdas no están reñidas con el más puro disparate ético”.
Ya va quedando claro el campo de batalla: el razonablemente ilustrado Chomsky vs. el disparatado y chalado populista Michel Foucault (no lo digo yo, lo dice el autor: “Foucault se desmarcaba con ramalazos de chaladura populista”). Pues bien, entrando en el asunto, confieso que mi primera impresión fue que el Sr. Palermo no había entendido nada del debate en cuestión, pero tras revisar su artículo más bien parece que ni siquiera lo ha leído. Ruego que me disculpe por este atrevimiento, pero si no es así ¿cómo se explica que fundamente sus argumentos en una sola frase sacada del contexto del debate sin atender en ningún momento al desarrollo del mismo? La frase en cuestión era la siguiente: FOUCAULT: “El proletariado no hace la guerra contra la clase dominante porque crea que esa guerra es justa sino porque, por primera vez en la historia, quiere hacerse con el poder (…). Cuando el proletariado toma el poder es perfectamente posible que ejerza sobre las clases que ha derrotado un poder violento, dictatorial e incluso sanguinario. Y no veo qué objeción se puede hacer a eso”.En primer lugar –y esto va para los bienpensantes-, parece claro que Foucault no expresa deseo alguno de que eso ocurra, ya que se limita a decir que es perfectamente posible, lo cual nadie puede negar absolutamente. Concretamente lo que se pregunta Foucault es si la posibilidad –ciertamente pensable- de la acción violenta, deslegitimaría la idea de Revolución.
En segundo lugar, y más importante, si el Sr. Palermo hubiera prestado más atención al contexto del debate no le habría sido difícil percibir que la frase se enmarca dentro de la controversia más amplia que los dos pensadores mantuvieron respecto a los conceptos de naturaleza humana, justicia y revolución. En efecto, Chomsky, desde una posición ilustrada y humanista, defiende, con indudable buena fe, que toda visión de una futura sociedad justa debe estar fundamentada en un sólido concepto de la esencia de la naturaleza humana, concepto que proporciona su verdadera dimensión a la libertad y la dignidad. Por tanto deben de existir –piensa- ciertas cualidades humanas fundamentales sobre las que fundar una verdadera noción de justicia. Y es por ello que la única razón para desear la Revolución es “creer, con razón o equivocadamente, que determinados valores humanos fundamentales podrían enriquecerse con este cambio de poder”. Foucault, mucho más escéptico y nominalista, mucho más crítico con los proyectos ilustrados humanistas, se muestra incapaz de proponer un modelo de funcionamiento social ideal, y advierte del riesgo de utilizar una definición de naturaleza humana o de justicia en términos retomados de nuestra sociedad o civilización.
Para el pensador francés, “estas nociones de naturaleza humana, de justicia, de realización de la esencia humana, son nociones y conceptos que se formaron en el interior de nuestra civilización , en el interior de nuestro tipo de saber y de nuestro modo de filosofar, y, en consecuencia, forman parte de nuestro sistema de clases, y no podemos por tanto, por muy lamentable que esto resulte, servirnos de estas nociones para describir o justificar un combate que debería –que debe en principio- dar la vuelta completamente a los fundamentos mismos de nuestra sociedad”. Se trataría entonces de interpretar las luchas en términos de poder y no en términos de justicia, que pueden correr el riesgo de neutralizarlas. Lo cual no quiere decir en absoluto –como es posible que se piense- que el sentido de las acciones no importe, sino que son éstas las que darán en cada momento y lugar la medida de la justicia de las luchas. “Más que pensar en la lucha social en términos de justicia, hay que poner el acento en la justicia en términos de lucha social”. Este es, en mi opinión, el sentido del debate que, como se podrá comprobar, tiene mucho que ver con las actuales controversias entre modernidad y postmodernidad. Pues bien, lo que le molesta al Sr. Palermo -y me temo que a muchos otros- es que Foucault se niegue a entrar en el juego de la definición de las esencias, de la libertad, de la justicia, y prefiera hablar de la inmanencia de las luchas y las resistencias.
Tanto le molesta que cree salvarnos a todos del peligro, convirtiendo a Foucault en un chalado, en algo así como un mero apologeta de la violencia o del asesinato político. Por cierto, hasta el mismo Chomsky, en un momento del debate y ante las interpelaciones de Foucault, se ve obligado a reconocer que no es un pacifista contra viento y marea: CHOMSKY: “No afirmo que el recurso a la violencia sea malo en todas las circunstancias”. No contento con todo esto, el Sr. Palermo continua disparando sus balas: “La cosa no pasaría de la mera anécdota si no fuera por el catastrófico efecto que tuvieron las tesis de Foucault y los suyos sobre parte de la izquierda durante los años ochenta, cuando mucha gente se cansó de tener razón sin que el mundo le hiciera el menor caso y prefirió prescindir alegremente del mundo. El resultado fue una auténtica debacle relativista que concluyó, no podía ser de otra forma, con una desbandada hacia la derecha (sin ir más lejos, Jiménez Losantos tiene el discutible honor de haber introducido en España la obra de Lyotard a principios de los años ochenta)”.
Ya tenemos a un culpable del alegre y generalizado desencantamiento del mundo, de la muerte de la acción política. ¿Qué ceguera, qué densidad ideológica –o grado de ignorancia- puede llenar la pluma que escribe esas líneas? ¿Foucault neoconservador? Para salir de ese atolladero, al Sr. Palermo le habría bastado quizás con seguir leyendo atentamente otros párrafos del debate: FOUCAULT: “Su pregunta es: ¿por qué me intereso tanto por la política? Para responder de un modo muy simple diría: ¿por qué no debería interesarme por ella? ¿Qué ceguera, qué sordera, qué densidad ideológica tendrían que pesar sobre mí para impedir que me interesase por el problema sin duda más crucial de nuestra existencia, es decir, la sociedad en la que vivimos, las relaciones económicas con las que funciona, y el sistema que define las formas habituales de relación, lo que está permitido y lo que está prohibido, que rigen normalmente nuestra conducta? La esencia de nuestra vida está hecha, en último término, por el funcionamiento político de la sociedad en la que nos encontramos. Así pues, no puedo responder a la cuestión de por qué me intereso por la política, únicamente puedo responder preguntándome: ¿por qué no debería hacerlo?... Lo que sería un verdadero problema sería no interesarse por la política”. Pero la cosa no queda ahí. Si pensamos que la intención del Sr. Palermo, en último extremo, era presentar el pensamiento foucaultiano como la penúltima muralla levantada por la burguesía contra las ansias revolucionarias, se entiende mucho mejor entonces que no haga mención alguna a estas otras palabras: FOUCAULT: “No, no creo en absoluto que nuestra sociedad sea democrática. Si se entiende por democracia el ejercicio efectivo del poder por parte de una población que no está dividida ni ordenada jerárquicamente en clases, está perfectamente claro que estamos muy alejados de la democracia”.
O si quiere convertirlo en un defensor del quietismo político, es normal que se olvide de estas otras: FOUCAULT: “La verdadera tarea política, en una sociedad como la nuestra, me parece que es criticar el juego de las instituciones aparentemente neutras e independientes… En primer lugar porque el poder político cala mucho más hondo de lo que sospechamos: el poder cuenta con centros y puntos de apoyo invisibles, poco conocidos; su verdadera resistencia, su verdadera solidez se encuentran quizás allí donde no se piensa. Quizás no basta con decir que, tras los gobiernos, tras el aparato de Estado se encuentra la clase dominante; es preciso situar los puntos de actividad, los lugares y las formas bajo los cuales se ejerce esta dominación… Si no se es capaz de reconocer estos puntos de apoyo del poder de clase se corre el riesgo de permitirles que continúen existiendo y de ver cómo se reconstituye ese poder de clase tras un proceso aparentemente revolucionario”.
Continuando con el artículo, resulta sumamente revelador el intento de relacionar a Foucault con el incombustible Jiménez Losantos, por medio de una inestimable e indirecta comparación con Lyotard. Insisto en que si se interesara un poco más en el pensamiento del filósofo francés se daría cuenta de que está más cerca, por ejemplo, de la teoría crítica de la primera generación de la Escuela de Frankfurt que del postmoderno Lyotard, como reconoce el propio Foucault en una de sus entrevistas. La cuestión es meter a todos los herejes en el mismo saco y aquí paz y después no precisamente gloria. Pero yendo más allá del debate, si que lo que necesitan algunos para acercarse a los malditos heterodoxos es tranquilizar previamente sus conciencias, sería interesante que dedicaran algún tiempo a hojear otros libros, en los que podrían tropezarse con opiniones que mitigarían mucho la tentación, si es el caso, de convertir al pensador de Poitiers en un furibundo antimarxista a lo Jiménez Losantos. FOUCAULT: “Aun cuando uno admita que Marx está hoy en vías de desaparecer, no hay duda de que volverá a aparecer. Es lo que yo deseo […]. No tanto la recuperación, la restitución de un Marx auténtico sino, muy probablemente, el aligeramiento, la liberación de Marx de los dogmas de partido que durante tanto tiempo lo han aprisionado al mismo tiempo que transmitían y esgrimían lo que él dijo”. Hay que reconocer que el pecado de Foucault es haber mantenido actitudes mucho más radicales –en el sentido etimológico de la palabra- que las de ciertos izquierdismos dogmáticos y clarividentes. El pecado ha consistido en atreverse a problematizar nociones como naturaleza humana, justicia, libertad, democracia, construidas siempre desde una cultura o civilización determinada –en este caso, la sociedad burguesa-. Todo ello con el consiguiente escándalo de todos aquellos que se consideran capaces de pasear todas las mañanas por el afuera de nuestra civilización capitalista, y desde allí dibujar con total nitidez –como si de un pincel divino se tratara- los contornos de tales nociones, retornando así de nuevo a nuestro mundo con el rostro de la futura Revolución perfectamente delineado.
Podría referirme a las miles de páginas que dejó escritas. Podría recordar las decenas de imágenes de los años setenta en las que es posible vislumbrar la calva del filósofo francés -entre otros grandes pensadores como Sartre- encabezando diversas manifestaciones y asambleas a favor de los inmigrantes, los presos, los estudiantes, los trabajadores. Podría hablar de su vida revolucionaria, de su compromiso anticapitalista radical, pero sería demasiado extenso.En definitiva, un pensamiento complejo, pero sobre todo militante y profundamente comprometido con las víctimas de un mundo enloquecido. Un pensamiento que veinte años después sigue inspirando en diferentes sentidos a numerosos movimientos sociales de feministas, homosexuales, anarquistas, presos, enfermos mentales, antiglobalizadores, etc., no merece este pelotón de fusilamiento. Ya sabemos que los pensamientos reaccionarios, incapaces de neutralizarlo, desean verlo morir por las balas de sus mismos compañeros de barricadas. Pero no les hagamos el juego. Las mismas barricadas que, a pesar de los malentendidos, él compartía con Chomsky, y en las que nos hemos encontrado Darwin Palermo y yo. En algo estoy de acuerdo con el autor del artículo. Coincido con él en que toda esta situación que nos ocupa va más allá de la mera anécdota. Pero no –como señala- “por los efectos catastróficos que para la izquierda ha tenido el pensamiento de Michel Foucault”, sino, muy al contrario, por los desastrosos efectos que se siguen de descalificar un pensamiento crítico revolucionario, por el simple hecho de que no se adapta como un guante a los rígidos marcos de un cierto pensamiento de izquierdas dogmático y decimonónico.
Estoy seguro de que Darwin Palermo y yo nos seguiremos encontrando en aquellas barricadas levantadas contra la estupidez de la moral burguesa y las políticas neoliberales, barricadas como las de Rebelión, dicho sea de paso. Pero espero que sea construyendo en el futuro un pensamiento de izquierdas con mejores y más abiertos argumentos. Y en ese camino hay grandes pensadores que nos han aportado valiosas herramientas. ¿Olvidar a Foucault? Lo que no se puede olvidar es que para entender a un filósofo hay que tomarse la molestia de leerlo.
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Intelectual brillante, activista comprometido, entre múltiples tareas vertió su talento en evidenciar los mecanismos que el poder utiliza en el control y subordinación de otros, aportes que actualizaron y potenciaron observaciones de Antonio Gramsci, hoy muy vigentes.
Recordemos, por una parte, un fragmento de una entrevista realizada, en 1972, en París, publicada en la revista japonesa Umi; por otra, un artículo de Josu Cristóbal De-Gregorio, respondiendo lúcidamente curiosos comentarios sobre el intelectual francés.
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Entrevista
Publicada en la revista japonesa UMI.
Extracto del texto publicado por El Viejo Topo, edición de abril de 1999.
Pregunta: La traducción japonesa de Las palabras y las cosas por desgracia aún no está terminada, mientras que la Arqueología del saber está publicada desde hace ya dos años. Esta inversión cronológica de sus obras ha provocado en Japón una serie de malentendidos para comprender su pensamiento, y concretamente lo que usted ha escrito al final de Las palabras y las cosas. La prensa japonesa le ha presentado como un "filósofo estructuralista que ha destrozado la historia del hombre" y pese a su conferencia de Tokio sobre "Retornar a la historia”, este mito persiste aún en la actualidad. Esta entrevista tiene como finalidad tratar de disipar esos malentendidos.
FOUCAULT: En Las palabras y las cosas intenté describir tipos de discursos. Me parece que la clasificación institucional, enciclopédica, pedagógica de las ciencias, por ejemplo en biología, psicología, sociología, no da cuenta de fenómenos de agrupamiento más generales que pueden ser detectados. Traté de aislar formas normativas y regladas de discursos. Por ejemplo, en los siglos XVII y XVIII existió un tipo de discurso que era a la vez descriptivo y clasificador, y que se encuentra tanto en el ámbito del lenguaje como en el de los seres vivos y la economía. Intenté mostrar cómo, en el siglo XIX, un nuevo tipo de discurso, o varios nuevos tipos de discursos, estaban a punto de formarse, de constituirse, y entre estos tipos de discursos figuraba el de las ciencias humanas. Realicé por tanto esta descripción, este análisis, si usted prefiere, de la transformación de los tipos de discursos. A lo largo de todo el libro advertí que este análisis se situaba únicamente en una esfera determinada, que no pretendía resolver en este libro el problema de saber en torno a qué realidades históricas se articulaban estos tipos de discursos, ni cuál era la razón profunda de los cambios que se podían observar en ellos. Es pues una descripción, una descripción superficial realizada de forma deliberada. Algunas críticas, dando prueba de una evidente mala fe, y en general las provenientes de marxistas empiristas y blandos a los que me enfrento con gusto, pasaron por alto las frases explícitas en las que afirmaba: "Aquí no hago más que describir, se plantean un determinado número de problemas que trataré de resolver posteriormente". Se negaron a leer estas frases y me echaron en cara que no resolvía estos problemas. Me encuentro precisamente en este momento intentando plantear estos problemas, es decir, he cambiado de nivel: tras haber analizado los tipos de discursos, intento ver cómo estos tipos de discursos pudieron formarse históricamente, y sobre qué realidades históricas se articulan. Lo que denomino "la arqueología del saber" es la relación que existe entre estos grandes tipos de discursos que se pueden observar en una cultura determinada y las condiciones históricas, económicas y políticas de su aparición y de su formación. De este modo Las palabras y las cosas se ha convertido en la Arqueología del saber, y lo que estoy a punto de comenzar a hacer se sitúa al nivel de la dinástica del saber.
Pregunta: Ha utilizado usted la expresión "marxistas blandos" pero ¿cuál es su crítica fundamental al método marxista? En Japón se plantea la cuestión de si Michel Foucault intentará superar a Marx o si está al margen de estas cuestiones.
FOUCAULT: Tengo que decir que estoy especialmente molesto por el modo en que una serie de marxistas europeos practican el análisis histórico, y también me molesta su modo de referirse a Marx. Recientemente leí un artículo, por otra parte muy bueno, en La Pensée. Este artículo está escrito por un joven, al que conozco bien; es un colaborador de Althusser y se llama Balibar. Balibar ha escrito un artículo muy notable sobre el problema del Estado y de la transformación del Estado según Marx. Este artículo me interesa, pero no pude dejar de sonreír cuando lo leí porque en él se trata de mostrar en veinte páginas, a partir de una o dos frases de Marx, que éste había previsto claramente la transformación del aparato del Estado en el interior del proceso revolucionario, en cierto modo desde el inicio mismo del proceso revolucionario. Balibar muestra, con una gran erudición, con una gran capacidad para el comentario de textos, que Marx había dicho esto, que lo había previsto. Admiro por tanto este artículo ya que es un buen análisis textual, y sonrío porque conozco la razón por la cual Balibar hace esto. Lo hace porque, de hecho, en la práctica real de la política, en los procesos revolucionarios reales, la solidez, la permanencia del aparato del estado burgués, incluso en los Estados socialistas, es un problema con el que uno se encuentra actualmente. Pero me parece importante plantear este problema a partir de datos históricos reales que están a nuestra disposición, estudiar la permanencia de las estructuras del Estado, por ejemplo, la permanencia de la estructura del ejército zarista en el interior del propio ejército rojo en la época de Trotski, permanencia que constituye un proceso histórico real. Me parece también que el problema marxista del Estado se debe resolver a partir de problemas como éstos, y no a partir de un análisis de textos para saber si Marx lo había previsto o no...Pregunta: Es decir, a partir de un proceso histórico...
FOUCAULT: A partir de un proceso de la realidad histórica que el propio Marx permitió pensar, ya que él estableció un determinado número de planos, un determinado número de mecanismos y modos de funcionamiento. Si podemos hacer todos estos análisis se lo debemos a Marx. Y esto es algo absolutamente claro. Pero, después de todo, incluso si Marx no hubiese llegado a decir absolutamente todo lo que es necesario pensar actualmente sobre el Estado, con los instrumentos que nos proporcionó podríamos reflexionar sobre una realidad histórica y hacer avanzar el análisis, y ello no sólo en lo que se refiere al contenido sino también a las formas, los instrumentos, y esto ya me parecería suficiente. A mi no se me plantea la necesidad de estar convencido de que Marx previó la urgencia de transformar el Estado desde el comienzo mismo del proceso revolucionario. No necesito que Marx haya dicho esto para estar convencido de que es una tarea que es preciso hacer. El estudio de la realidad sociohistórica es un terreno que me interesa. El primer reproche, por tanto, que planteo a estos marxistas que denomino "blandos", es la desconfianza que tienen respecto al material histórico, a la realidad histórica con la que se enfrentan, y su respeto infinito por los textos, algo que los encadena necesariamente a la tradición académica del comentario de textos. Se cierran en banda en el academicismo movidos incluso por su respeto a los textos de Marx. Éste es mi primer reproche. Mi segundo reproche está ligado al primero, y se refiere a la historia. Me parece que también en esto un grupo de marxistas, no digo absolutamente todos, pero sí una serie de marxistas están de tal forma aprisionados por el canon, prendidos en las reglas que han creído extraer de los textos de Marx, que no son capaces de realizar un análisis histórico efectivo. Voy a poner un ejemplo: la historia de las ciencias es sin duda un campo enormemente importante al que se han incorporado toda una serie de conceptos, de métodos, de perspectivas útiles que debemos a Marx. Pues bien, la verdad es que la historia de las ciencias, en la tradición marxista que podemos denominar ortodoxa, fue desde muy pronto esbozada por Engels. También, hasta cierto punto, ha sido esbozada por Lenin en su libro sobre el Empiriocriticismo. En realidad, cualquiera que fuese la competencia de Engels, que era grande, el estado de las ciencias cambió enormemente nuestras perspectivas, cambió desde los tiempos en que ellos escribían uno el Anti- Duhring o la Dialéctica de la Naturaleza, y el otro el Empiriocriticismo. En realidad su perspectiva no era la de hacer la historia de las ciencias, sino algo absolutamente distinto. Estaban implicados en una polémica ideológica o teórica, y al mismo tiempo política, librada contra una serie de personajes de la época. Se puede por tanto afirmar que el campo de la historia de las ciencias se mantuvo virgen y que ninguna tradición marxista se ha adentrado todavía en él. A mi juicio este campo seria estéril si se pretendiese abordarlo únicamente a partir de conceptos, o de métodos, o de temas retomados de los textos de Marx o de Lenin. En esto consiste por tanto el reproche de pereza, el reproche de academicismo, el reproche de falta de inventiva que yo critico en todos aquellos a los que denomino marxistas "blandos".
Pregunta: Se contentan con recurrir al comentario de la época clásica. Van así comentando palabra por palabra...
FOUCAULT: Así es. Han clausurado el uso que se puede hacer de Marx y lo han encorsetado en el interior de una tradición puramente académica. Esto, por otra parte, es algo interesante, pues ellos mismos se encuentran pillados en el interior de una extraña contradicción, Y así, por un lado, dicen: el marxismo es una ciencia. Es posible que, por ser en cierto modo un historiador de las ciencias, no me parezca ningún cumplido decir de un tipo de discurso que es una ciencia. No creo que un tipo de discurso se vea sacralizado o realmente valorado por el hecho de decir que es un discurso científico. Me parece, en todo caso, que un discurso científico se caracteriza, al menos actualmente, por un determinado número de rasgos y, entre ellos, por los siguientes: toda ciencia tiene un fundador, pero el desarrollo histórico de esta ciencia no es nunca, ni puede ser, el puro y simple comentario de texto de ese autor. Si bien es cierto que la física fue fundada por Galileo, precisamente en nombre de la cientificidad de la física podemos saber hasta dónde llegó Galileo, hasta dónde por tanto no llegó..., en qué se equivocó. Lo mismo ocurre con Newton, con Cuvier o con Darwin. Los marxistas, algunos marxistas que consideran el marxismo como una ciencia, deben saber, en nombre de esa ciencia y a partir de ella, en qué se equivocó Marx. Cuando un marxista me dice que el marxismo es una ciencia yo le respondo: creeré que usted practica el marxismo como una ciencia el día en que me muestre, en nombre de esta ciencia, en qué se equivocó Marx.
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¿Entender a Foucault?
Chomsky, la izquierda y el disparate ético
Josu Cristóbal De-Gregorio.
Profesor de Filosofía del Derecho. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), España. jcristobal@der.uned.es
En un artículo publicado en Rebelión el 27 de noviembre [de 2006], con el sugestivo título "Chomsky contra Foucault, 35 años después", su autor, Darwin Palermo, nos trae a la memoria un interesante debate que tuvo lugar en 1971 en la televisión holandesa entre el lingüista estadounidense Noam Chomsky y el filósofo francés Michel Foucault.Concretamente encabeza dicho artículo con estas palabras de Chomsky pronunciadas veinte años después del debate: “Nunca he conocido a nadie que fuera tan completamente amoral. Generalmente cuando se habla con alguien, uno da por sentado que se comparte algún territorio moral. Con él me sentí, sin embargo, como si estuviera hablando con alguien que no habitara el mismo universo moral. Personalmente me resultó simpático. Pero no pude entenderlo, como si fuera de otra especie o algo así”.Creo comprender la sensación que todavía en aquella época le produjeron a Chomsky las posturas radicales de Foucault, ya que efectivamente los dos pensadores habitaban universos éticos distintos. Pero con ser interesante esta cuestión, en lo que sigue me voy a referir al contenido del artículo del Sr. Palermo, ya que en el mismo se vierten, de forma ciertamente simplista, una serie de opiniones sobre el filósofo francés que, en el mejor de los casos, parecen producto de una auténtica ignorancia. Opiniones que, por cierto, se unen a la moda existente entre ciertos sectores de la izquierda, de descalificar in toto el pensamiento filosófico francés –parisino, dirían algunos- de la segunda mitad del siglo pasado.
Intentando resumir las posiciones enfrentadas en el debate, Darwin Palermo acaba convirtiendo al bueno de Chomsky en una mala caricatura de sí mismo, con posturas que suscribiría hasta Benedicto XVI o el mismísimo George W. Bush: “Chomsky mantenía posiciones ilustradas razonablemente sensatas (matar y oprimir está mal, la igualdad y la libertad están bien… cosas así)”. Aquí termina la contribución al análisis de la figura del lingüista norteamericano, pues, como se verá a continuación, lo que le interesa de verdad es disparar sobre Foucault. En efecto, si tremendamente simplista es la interpretación sobre las palabras de Chomsky, directamente delirante es la interpretación que sobre la postura de Foucault vierte en su artículo, buscando con ello demostrar que la posición política del pensador francés, al contrario de las razonadamente ilustradas, es un auténtico disparate ético. Dice así: “El encuentro tiene interés porque pone de manifiesto la enorme distancia moral que separa a dos autores que supuestamente se movían en espacios ideológicos cercanos o, en otras palabras, muestra hasta qué punto las posiciones políticas de izquierdas no están reñidas con el más puro disparate ético”.
Ya va quedando claro el campo de batalla: el razonablemente ilustrado Chomsky vs. el disparatado y chalado populista Michel Foucault (no lo digo yo, lo dice el autor: “Foucault se desmarcaba con ramalazos de chaladura populista”). Pues bien, entrando en el asunto, confieso que mi primera impresión fue que el Sr. Palermo no había entendido nada del debate en cuestión, pero tras revisar su artículo más bien parece que ni siquiera lo ha leído. Ruego que me disculpe por este atrevimiento, pero si no es así ¿cómo se explica que fundamente sus argumentos en una sola frase sacada del contexto del debate sin atender en ningún momento al desarrollo del mismo? La frase en cuestión era la siguiente: FOUCAULT: “El proletariado no hace la guerra contra la clase dominante porque crea que esa guerra es justa sino porque, por primera vez en la historia, quiere hacerse con el poder (…). Cuando el proletariado toma el poder es perfectamente posible que ejerza sobre las clases que ha derrotado un poder violento, dictatorial e incluso sanguinario. Y no veo qué objeción se puede hacer a eso”.En primer lugar –y esto va para los bienpensantes-, parece claro que Foucault no expresa deseo alguno de que eso ocurra, ya que se limita a decir que es perfectamente posible, lo cual nadie puede negar absolutamente. Concretamente lo que se pregunta Foucault es si la posibilidad –ciertamente pensable- de la acción violenta, deslegitimaría la idea de Revolución.
En segundo lugar, y más importante, si el Sr. Palermo hubiera prestado más atención al contexto del debate no le habría sido difícil percibir que la frase se enmarca dentro de la controversia más amplia que los dos pensadores mantuvieron respecto a los conceptos de naturaleza humana, justicia y revolución. En efecto, Chomsky, desde una posición ilustrada y humanista, defiende, con indudable buena fe, que toda visión de una futura sociedad justa debe estar fundamentada en un sólido concepto de la esencia de la naturaleza humana, concepto que proporciona su verdadera dimensión a la libertad y la dignidad. Por tanto deben de existir –piensa- ciertas cualidades humanas fundamentales sobre las que fundar una verdadera noción de justicia. Y es por ello que la única razón para desear la Revolución es “creer, con razón o equivocadamente, que determinados valores humanos fundamentales podrían enriquecerse con este cambio de poder”. Foucault, mucho más escéptico y nominalista, mucho más crítico con los proyectos ilustrados humanistas, se muestra incapaz de proponer un modelo de funcionamiento social ideal, y advierte del riesgo de utilizar una definición de naturaleza humana o de justicia en términos retomados de nuestra sociedad o civilización.
Para el pensador francés, “estas nociones de naturaleza humana, de justicia, de realización de la esencia humana, son nociones y conceptos que se formaron en el interior de nuestra civilización , en el interior de nuestro tipo de saber y de nuestro modo de filosofar, y, en consecuencia, forman parte de nuestro sistema de clases, y no podemos por tanto, por muy lamentable que esto resulte, servirnos de estas nociones para describir o justificar un combate que debería –que debe en principio- dar la vuelta completamente a los fundamentos mismos de nuestra sociedad”. Se trataría entonces de interpretar las luchas en términos de poder y no en términos de justicia, que pueden correr el riesgo de neutralizarlas. Lo cual no quiere decir en absoluto –como es posible que se piense- que el sentido de las acciones no importe, sino que son éstas las que darán en cada momento y lugar la medida de la justicia de las luchas. “Más que pensar en la lucha social en términos de justicia, hay que poner el acento en la justicia en términos de lucha social”. Este es, en mi opinión, el sentido del debate que, como se podrá comprobar, tiene mucho que ver con las actuales controversias entre modernidad y postmodernidad. Pues bien, lo que le molesta al Sr. Palermo -y me temo que a muchos otros- es que Foucault se niegue a entrar en el juego de la definición de las esencias, de la libertad, de la justicia, y prefiera hablar de la inmanencia de las luchas y las resistencias.
Tanto le molesta que cree salvarnos a todos del peligro, convirtiendo a Foucault en un chalado, en algo así como un mero apologeta de la violencia o del asesinato político. Por cierto, hasta el mismo Chomsky, en un momento del debate y ante las interpelaciones de Foucault, se ve obligado a reconocer que no es un pacifista contra viento y marea: CHOMSKY: “No afirmo que el recurso a la violencia sea malo en todas las circunstancias”. No contento con todo esto, el Sr. Palermo continua disparando sus balas: “La cosa no pasaría de la mera anécdota si no fuera por el catastrófico efecto que tuvieron las tesis de Foucault y los suyos sobre parte de la izquierda durante los años ochenta, cuando mucha gente se cansó de tener razón sin que el mundo le hiciera el menor caso y prefirió prescindir alegremente del mundo. El resultado fue una auténtica debacle relativista que concluyó, no podía ser de otra forma, con una desbandada hacia la derecha (sin ir más lejos, Jiménez Losantos tiene el discutible honor de haber introducido en España la obra de Lyotard a principios de los años ochenta)”.
Ya tenemos a un culpable del alegre y generalizado desencantamiento del mundo, de la muerte de la acción política. ¿Qué ceguera, qué densidad ideológica –o grado de ignorancia- puede llenar la pluma que escribe esas líneas? ¿Foucault neoconservador? Para salir de ese atolladero, al Sr. Palermo le habría bastado quizás con seguir leyendo atentamente otros párrafos del debate: FOUCAULT: “Su pregunta es: ¿por qué me intereso tanto por la política? Para responder de un modo muy simple diría: ¿por qué no debería interesarme por ella? ¿Qué ceguera, qué sordera, qué densidad ideológica tendrían que pesar sobre mí para impedir que me interesase por el problema sin duda más crucial de nuestra existencia, es decir, la sociedad en la que vivimos, las relaciones económicas con las que funciona, y el sistema que define las formas habituales de relación, lo que está permitido y lo que está prohibido, que rigen normalmente nuestra conducta? La esencia de nuestra vida está hecha, en último término, por el funcionamiento político de la sociedad en la que nos encontramos. Así pues, no puedo responder a la cuestión de por qué me intereso por la política, únicamente puedo responder preguntándome: ¿por qué no debería hacerlo?... Lo que sería un verdadero problema sería no interesarse por la política”. Pero la cosa no queda ahí. Si pensamos que la intención del Sr. Palermo, en último extremo, era presentar el pensamiento foucaultiano como la penúltima muralla levantada por la burguesía contra las ansias revolucionarias, se entiende mucho mejor entonces que no haga mención alguna a estas otras palabras: FOUCAULT: “No, no creo en absoluto que nuestra sociedad sea democrática. Si se entiende por democracia el ejercicio efectivo del poder por parte de una población que no está dividida ni ordenada jerárquicamente en clases, está perfectamente claro que estamos muy alejados de la democracia”.
O si quiere convertirlo en un defensor del quietismo político, es normal que se olvide de estas otras: FOUCAULT: “La verdadera tarea política, en una sociedad como la nuestra, me parece que es criticar el juego de las instituciones aparentemente neutras e independientes… En primer lugar porque el poder político cala mucho más hondo de lo que sospechamos: el poder cuenta con centros y puntos de apoyo invisibles, poco conocidos; su verdadera resistencia, su verdadera solidez se encuentran quizás allí donde no se piensa. Quizás no basta con decir que, tras los gobiernos, tras el aparato de Estado se encuentra la clase dominante; es preciso situar los puntos de actividad, los lugares y las formas bajo los cuales se ejerce esta dominación… Si no se es capaz de reconocer estos puntos de apoyo del poder de clase se corre el riesgo de permitirles que continúen existiendo y de ver cómo se reconstituye ese poder de clase tras un proceso aparentemente revolucionario”.
Continuando con el artículo, resulta sumamente revelador el intento de relacionar a Foucault con el incombustible Jiménez Losantos, por medio de una inestimable e indirecta comparación con Lyotard. Insisto en que si se interesara un poco más en el pensamiento del filósofo francés se daría cuenta de que está más cerca, por ejemplo, de la teoría crítica de la primera generación de la Escuela de Frankfurt que del postmoderno Lyotard, como reconoce el propio Foucault en una de sus entrevistas. La cuestión es meter a todos los herejes en el mismo saco y aquí paz y después no precisamente gloria. Pero yendo más allá del debate, si que lo que necesitan algunos para acercarse a los malditos heterodoxos es tranquilizar previamente sus conciencias, sería interesante que dedicaran algún tiempo a hojear otros libros, en los que podrían tropezarse con opiniones que mitigarían mucho la tentación, si es el caso, de convertir al pensador de Poitiers en un furibundo antimarxista a lo Jiménez Losantos. FOUCAULT: “Aun cuando uno admita que Marx está hoy en vías de desaparecer, no hay duda de que volverá a aparecer. Es lo que yo deseo […]. No tanto la recuperación, la restitución de un Marx auténtico sino, muy probablemente, el aligeramiento, la liberación de Marx de los dogmas de partido que durante tanto tiempo lo han aprisionado al mismo tiempo que transmitían y esgrimían lo que él dijo”. Hay que reconocer que el pecado de Foucault es haber mantenido actitudes mucho más radicales –en el sentido etimológico de la palabra- que las de ciertos izquierdismos dogmáticos y clarividentes. El pecado ha consistido en atreverse a problematizar nociones como naturaleza humana, justicia, libertad, democracia, construidas siempre desde una cultura o civilización determinada –en este caso, la sociedad burguesa-. Todo ello con el consiguiente escándalo de todos aquellos que se consideran capaces de pasear todas las mañanas por el afuera de nuestra civilización capitalista, y desde allí dibujar con total nitidez –como si de un pincel divino se tratara- los contornos de tales nociones, retornando así de nuevo a nuestro mundo con el rostro de la futura Revolución perfectamente delineado.
Podría referirme a las miles de páginas que dejó escritas. Podría recordar las decenas de imágenes de los años setenta en las que es posible vislumbrar la calva del filósofo francés -entre otros grandes pensadores como Sartre- encabezando diversas manifestaciones y asambleas a favor de los inmigrantes, los presos, los estudiantes, los trabajadores. Podría hablar de su vida revolucionaria, de su compromiso anticapitalista radical, pero sería demasiado extenso.En definitiva, un pensamiento complejo, pero sobre todo militante y profundamente comprometido con las víctimas de un mundo enloquecido. Un pensamiento que veinte años después sigue inspirando en diferentes sentidos a numerosos movimientos sociales de feministas, homosexuales, anarquistas, presos, enfermos mentales, antiglobalizadores, etc., no merece este pelotón de fusilamiento. Ya sabemos que los pensamientos reaccionarios, incapaces de neutralizarlo, desean verlo morir por las balas de sus mismos compañeros de barricadas. Pero no les hagamos el juego. Las mismas barricadas que, a pesar de los malentendidos, él compartía con Chomsky, y en las que nos hemos encontrado Darwin Palermo y yo. En algo estoy de acuerdo con el autor del artículo. Coincido con él en que toda esta situación que nos ocupa va más allá de la mera anécdota. Pero no –como señala- “por los efectos catastróficos que para la izquierda ha tenido el pensamiento de Michel Foucault”, sino, muy al contrario, por los desastrosos efectos que se siguen de descalificar un pensamiento crítico revolucionario, por el simple hecho de que no se adapta como un guante a los rígidos marcos de un cierto pensamiento de izquierdas dogmático y decimonónico.
Estoy seguro de que Darwin Palermo y yo nos seguiremos encontrando en aquellas barricadas levantadas contra la estupidez de la moral burguesa y las políticas neoliberales, barricadas como las de Rebelión, dicho sea de paso. Pero espero que sea construyendo en el futuro un pensamiento de izquierdas con mejores y más abiertos argumentos. Y en ese camino hay grandes pensadores que nos han aportado valiosas herramientas. ¿Olvidar a Foucault? Lo que no se puede olvidar es que para entender a un filósofo hay que tomarse la molestia de leerlo.
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INVITACIÓN
"Conmemoración de Marcelo Barrios"
Organiza la familia Barrios Andrade y el
Preuniversitario Popular- Revolucionario EL CINCEL.
31 de agosto a las 19:00.
Lugar: Sala Rubén Darío, del
Centro de Extensión de la Universidad de Valparaíso.
OTRO MAPUCHE ASESINADO POR LA POLICÍA DE LA CONCERTACIÓN
URGENTE:
Mapuche asesinado por carabineros en comunidad de Ranquilco, en las cercanías de Collipulli
Un Peñi Mapuche fue asesinado de un balazo de un efectivo de Fuerzas Especiales de carabineros, mientras participaba de movilizaciones en la Comunidad de Ranquilco, en el sector de Bajo Malleco, en las cercanias de Collipulli.
Segun informaciones, ya la Brigada de Homicidios de Investigaciones llegó hasta el interior del fundo San Sebastián de Angol, lugar donde acontecio el cobarde asesinato.
De acuerdo al twitter de radio Biobio, la bala 9 mm del arma que portaba el policia habrìa ingresado por un costado al Peñi causandole la muerte.
Por el momento, se desconoce la identidad del mapuche que resultó muerto.
Noticia en Desarrollo.. .
-- Organización Mapuche Meli Wixan Mapu
Un Peñi Mapuche fue asesinado de un balazo de un efectivo de Fuerzas Especiales de carabineros, mientras participaba de movilizaciones en la Comunidad de Ranquilco, en el sector de Bajo Malleco, en las cercanias de Collipulli.
Segun informaciones, ya la Brigada de Homicidios de Investigaciones llegó hasta el interior del fundo San Sebastián de Angol, lugar donde acontecio el cobarde asesinato.
De acuerdo al twitter de radio Biobio, la bala 9 mm del arma que portaba el policia habrìa ingresado por un costado al Peñi causandole la muerte.
Por el momento, se desconoce la identidad del mapuche que resultó muerto.
Noticia en Desarrollo.. .
-- Organización Mapuche Meli Wixan Mapu
(De los Cuatro Puntos de la Tierra)
http://meli. mapuches. org - meliwixanmapu@ gmail.comAndes 2647. Santiago
Centrofono celular: 08 470 44 32/ 08 878 69 28 / 09 337 66 96.
La plusvalía en pocas palabras
La teoría de la explotación, pero en cuatro palabras
Xabier Gracia
El trabajo
Cualquier sociedad para poder existir y reproducir las condiciones de su existencia debe producir una serie de bienes y servicios necesarios por medio del trabajo. Por lo tanto, el trabajo es la actividad consciente y social mediante la cual el hombre moldea su medio natural y social con el objeto de dotarse de forma continuada de los bienes y servicios necesarios para la vida en sociedad. Para poder producir sus bienes y servicios, además del trabajo y la naturaleza, el ser humano necesita dotarse de herramientas. Esto quiere decir que una parte de su producción consistirá en bienes productivos que tienen como finalidad potenciar la capacidad del trabajo en la transformación de los recursos naturales y sociales que surgen de la existencia del individuo como ser social. Estos productos del trabajo que tienen como objetivo servir al proceso productivo y no al consumo los llamaremos Medios de producción MP.
Con el paso del tiempo y la acumulación del conocimiento y de la experiencia asistimos a un desarrollo de la productividad del trabajo. ¿Qué entendemos por productividad del trabajo? Bueno, pues es la capacidad del trabajo (no de la herramienta o máquina pues los bienes de producción son fruto del trabajo y del saber social) de producir más bienes y servicios con mayor calidad y en un lapso determinado de tiempo. Esto quiere decir, que con el incremento de la productividad del trabajo el hombre tiene que destinar cada vez menos tiempo y esfuerzo en producir los bienes materiales y de servicio. Como resultado del desarrollo tecnológico y del conocimiento la suma de trabajo directo e indirecto (encarnado en los medios de producción) permite que cada vez se pueda producir más cosas y servicio útiles en menos tiempo de trabajo.
Es necesario retener la importancia de la productividad del trabajo, pues sin este desarrollo el hombre tendría que pasar la mayor parte de su tiempo produciendo sus bienes necesarios para poder subsistir. Por lo tanto, el incremento de la productividad del trabajo es la condición objetiva que permite que una parte de la población se desligue del proceso directo de la producción. Y es sobre esta base que se desarrolla y profundiza la división del trabajo y la separación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. Todos estos factores inciden a su vez en el incremento de la productividad del trabajo.
De este modo, al lado del producto necesario para la supervivencia de la comunidad se va constituyendo un excedente constante, que no es otra cosa que una primera forma de sobreproducto social. La capacidad para producir este excedente es la base objetiva que hace posible el desarrollo de las primeras formas complejas de división social del trabajo, la separación del artesanado de la agricultura, de la ciudad y el campo, pero es también el fundamento para la división de la sociedad en clases. Mientras la sociedad es demasiado pobre y la productividad del trabajo no permite la constitución de un excedente constante, la desigualdad social apenas puede desarrollarse.
En conclusión, sin trabajo las materias primas no pueden ser extraídas ni transformadas para su uso productivo o consumo final. Sin trabajo no se pueden elaborar las herramientas ni las máquinas necesarias para la producción. Sin trabajo el hombre no puede existir. Sin el trabajo no puede desarrollarse el sustrato material y social sobre el que se asienta la cultura, el arte, la filosofía, el conocimiento, etc. Sin su actividad laboral, el hombre no puede adquirir los elementos civilizatorios que definen y conforman las sociedades humanas.
Por lo tanto, lo que tenemos que comprender es como reparte una sociedad su tiempo de trabajo entre las diferentes actividades productivas y de intercambio. Debemos entender qué mecanismos de distribución se derivan necesariamente de las relaciones que los hombres establecen en el acto productivo. Por consiguiente, las relaciones sociales que los hombres establecen en torno a los requisitos necesarios para producir MP son la clave para entender la conformación de una sociedad dada. El control de los medios de producción permite a una parte de la sociedad apropiarse de los frutos del trabajo ajeno. Esta apropiación del excedente por parte de la clase que ejerce su dominio sobre los medios de producción y/o sobre el entramado de instituciones y formas de conciencia social es lo que llamamos explotación.
Es muy importante entender que la explotación del trabajo no es un problema de distribución sino de producción. Pongamos un ejemplo sencillo y pensemos por un momento en la isla de Crusoe y de Viernes. En la isla, mientras Crusoe se dedica a la especulación metafísica y a meditar sobre la migración del atún rojo y sus áreas de desove, Viernes se pasa el día trabajando, buscando cocos, elaborando lanzas para poder pescar, recolectando bayas, construyendo la casa y aquellos elementos que hacen más fácil la vida en la isla. Cada noche, mientras se sientan en torno al fuego los dos habitantes de la isla se reparten los frutos del trabajo. Los frutos del trabajo de Viernes, claro está. Frutos sin los cuales nuestro amigo metafísico no podría vivir porque por más que esté en las nubes tiene que bajar a la tierra para alimentarse y poder sustentar su existencia que es bien física. Como son muy buenos amigos se reparten los frutos del trabajo de Viernes a partes iguales. Así que tendríamos una distribución totalmente equitativa pero con una explotación del trabajo del 100%, pues si el tiempo que Viernes dedica a trabajar cada día son 8 horas, cuatro las trabajaría para él y otras cuatro para el estómago y la fantasía del amigo Crusoe. Que encima es quien escribirá el libro…
La mercancía
En la sociedad en que vivimos la riqueza adopta la forma de mercancías M. ¿Qué es una mercancía? Pues en primer lugar debemos decir que es la forma social que adopta el producto del trabajo en una sociedad mercantil. ¿Y esto por qué? Pues porque, fruto del desarrollo histórico, vivimos en una sociedad mercantil en la que la producción se efectúa a través de unidades privadas e independientes de producción. Estas empresas o unidades productivas no actúan conforme a un plan derivado de las necesidades sociales y sobre la base de las decisiones democráticas de la sociedad. Por lo tanto, la venta de la mercancía es la forma que tiene la sociedad de validar el trabajo social que se ha encarnado en la mercancía. La mercancía en su intercambio relaciona el trabajo individual de los distintos productores privados a través del mecanismo social del mercado.
Es importante entender que no todos los productos del trabajo se convierten en mercancías. Así, los frutos de la actividad laboral de nuestro amigo Viernes no van a un mercado para obtener otra mercancía en su intercambio. El estómago de Crusoe rápidamente da buena cuenta de ellos y no permite que entre él y Viernes surja un intercambio. El campesino que consume directamente parte de su producción no la transforma en mercancía. Así, las patatas que se lleva para su cena no se convertirán nunca en mercancía. Serán sólo el producto del trabajo. Así que es importante destacar que lo que transforma el producto del trabajo en una mercancía es su corteza social. El mismo producto del trabajo puede ser así mercancía o simplemente producto.
Otra característica que debe presentar una mercancía es que sea reproducible por el trabajo. La mercancía es, en conclusión, todo bien susceptible de ser reproducido en gran cantidad y producido para ser vendido en un mercado.
Veamos que particularidades presenta una mercancía:
En primer lugar constatamos que una mercancía posee características específicas y concretas en cuanto a su capacidad de satisfacer una necesidad cualquiera. Un abrigo nos proporcionará protección contra las inclemencias del tiempo. El calzado nos permitirá proteger nuestros pies poco curtidos de la dureza del suelo. El transporte en camión nos permitirá desplazar geográficamente una mercancía o servicio. La capacidad de transmitir el conocimiento de un profesor o la atención que recibimos por parte de un camarero son productos y servicios que son útiles. No hacemos ninguna valoración moral sobre la utilidad de la mercancía desde una perspectiva social. Por lo tanto, en el enorme mundo de la satisfacción de las necesidades, podemos ir desde un rascador para la espalda con el objetivo de llegar donde no llegamos con la mano, hasta una bomba de fósforo para abrasar hasta lo más profundo de su existencia los tejidos orgánicos de un ser humano. Bien, pues a esta capacidad de satisfacer una necesidad cualquiera, a pesar de todo el desprecio que nos merezca, es el valor de uso de la mercancía.
Es necesario que entendamos que el valor de uso de una mercancía se puede materializar en un objeto o puede estar vinculado a la presencia física de la persona que realiza un servicio determinado. Sirva como ejemplo del grado de profundidad mercantil a la que nos somete la sociedad en la que vivimos el “cuidado” que, a través de los mecanismos mercantiles y de las relaciones capitalistas de producción, reciben nuestros ancianos. Por cierto que el trato que recibe la población anciana de cualquier sociedad nos da una medida muy interesante de su grado de civilización…
En segundo lugar las mercancías poseen valor de cambio ¿Que qué? Bueno, pues el valor de cambio de las mercancías es la propiedad que tienen éstas de intercambiarse las unas por las otras. Valores de uso con cualidades diferentes se intercambian en unas determinadas proporciones cuantitativas. ¿Por qué subrayamos diferentes? Pues porque su razón de intercambio no viene determinada por el valor de uso de las mercancías. No existe una relación entre las cualidades de un sacacorchos y las propiedades de un microscopio nuclear que permita establecer una relación de intercambio entre ellos.
¿Por qué nadie me cambiaría un lápiz por un coche? ¿O por qué por un coche podría obtener no uno, sino 30.000 lápices? Entonces ¿Qué es lo que tienen en común todas las mercancías que permita obtener un patrón de intercambiabilidad? Pues la única característica común que tienen las mercancías es la propiedad social de ser el fruto del trabajo humano. Y es por eso que las mercancías poseen valor, esto es, que en ellas queda encarnada una fracción del trabajo social que la sociedad destina a producir e intercambiar los frutos del trabajo.
El elemento común que aparece en las mercancías y que determina su relación de intercambio con el resto de las mercancías es su valor y la sustancia del valor es el trabajo. Un trabajo despojado de sus cualidades concretas e igualado socialmente por el intercambio. Es lo que Marx llamó trabajo social abstracto que es el trabajo que determina que las mercancías tengan valor, mientras que el trabajo concreto es el trabajo que determina que las mercancías posean un valor de uso. Por lo tanto, es de vital importancia entender que la sustancia del valor es puramente social y que en ella no entra ni un solo átomo de sustancia natural. El valor es la forma social e históricamente determinada del producto del trabajo en la sociedad mercantil.
En consecuencia, la medida del valor de una mercancía es la cantidad de trabajo pasado y presente que se necesita para su producción. ¿Presente y pasado? Pues sí, porque veíamos antes que el hombre no produce directamente con sus manos sino que mediante el trabajo se dota de herramientas, máquinas, instalaciones. No sólo eso, sino que también tiene que haber existido un trabajo previo para extraer y transformar las materias primas para que sean aptas para la producción. El trabajo pasado, es el fruto del trabajo que en su momento se destinó para producir las condiciones necesarias que permiten llevar a cabo el acto productivo. Así, el tiempo de trabajo necesario para producir una mercancía abarca el trabajo directo o vivo del trabajador más el trabajo indirecto o muerto incorporado anteriormente por otros trabajadores y que ha quedado cristalizado en las máquinas y materias primas.
Ahora bien, ¿cuenta cualquier trabajo como sustancia del valor? Pues no, únicamente el trabajo social necesario Tsn es el que se alzará con la cualidad de ser la sustancia del valor. ¿Qué es el trabajo social necesario? Pues el trabajo que, dado un nivel tecnológico, se requiere como promedio para la producción de un bien o servicio. Esto significa que si un trabajador emplea más tiempo del normal, o produce con maquinaria antigua, el mercado sólo le va a reconocer el trabajo social medio encarnado en la mercancía. El resto del trabajo añadido se esfumará y no se podrá realizar en la venta de esa mercancía. Entender esto es muy importante, porque a través de los precios de las mercancías (entendiendo el precio como la expresión monetaria del valor) irá abriéndose paso la productividad media del trabajo como la presión coactiva del descenso del valor de la mercancía en el campo de batalla que es el mercado. Cuanto menos trabajo directo e indirecto incorpore una mercancía más barata se podrá vender y más competitiva será en la guerra de todos contra todos del mercado.
La fórmula que expresa el intercambio entre las mercancías se puede esquematizar de la siguiente manera: M – D – M. Mercancía-dinero-mercancía. El movimiento M – M no es más que intercambio de mercancías por mercancías en las que el dinero simplemente actúa como medio para facilitar el cambio entre las mercancías (Un pantalón – 100 euros – 2 camisas). Es importante retener ésta lógica porque es la del mercado y tiene una implicación de primer orden: no se intercambian las mercancías si no es a cambio de otras mercancías.
La fuerza de trabajo
Entendemos el capital como una relación social y no como una simple cantidad de bienes productivos. Para que las máquinas y las materias primas puedan funcionar como capital es necesario otro requisito. Esta condición surge como resultado del proceso histórico de descomposición de las relaciones de producción precapitalistas (relaciones feudales, campesinado con tierras propias o artesanado) que tiene como consecuencia la formación de una clase que está despojada de cualquier medio necesario para producir sus bienes de subsistencia. Así, bajo las relaciones de producción capitalista los medios de producción MP aparecen como el monopolio de una parte de la sociedad que les permite reclamar la propiedad del producto del trabajo.
Así, uno de los rasgos distintivos del conjunto de relaciones sociales de producción capitalista es que el trabajador, o más bien su capacidad o fuerza de trabajo FT, se transforma en una mercancía más. La capacidad de trabajo es el conjunto de facultades físicas e intelectuales del trabajador. La venta de su capacidad de trabajo es la condición de existencia del propio trabajador y de su familia. Por lo tanto, las condiciones de su propia explotación son a su vez las condiciones de su propia existencia.
El capitalista compra la fuerza de trabajo en el mercado como una mercancía más. Consiguientemente, si la fuerza de trabajo es una mercancía tendrá como las demás mercancías un valor de cambio. Este valor se determinará, como en el resto de las mercancías, por el tiempo de trabajo necesario para su producción. Así que el valor de la fuerza de trabajo será el tiempo de trabajo necesario para producir los bienes y servicios necesarios para el mantenimiento y reproducción de la fuerza de trabajo. Ahora bien, estos bienes necesarios son de dos clases: Un primer grupo de bienes permite a los trabajadores subsistir, reproducirse (tener hijos que permitan la renovación constante de la fuerza laboral) y cumplir con los requerimientos fisiológicos propios de su existencia. El otro conjunto de bienes contiene un elemento social e histórico que varía en función de las necesidades que se van desarrollando en la sociedad y que pueden ser satisfechas gracias a la productividad del propio trabajo. En este grupo estarían las vacaciones, ciertas formas de ocio masivo, etc.
Consiguientemente, lo que el obrero recibe a cambio de su fuerza de trabajo es el salario. El salario es la expresión monetaria del valor de la fuerza de trabajo: es su precio. Y es preciso que entendamos bien este punto, porque lo que remunera el salario no es todo el trabajo que proporciona el trabajador sino solamente una parte, aquella que es precisa para producir los bienes que constituyen el valor de su fuerza de trabajo o bienes salariales.
Y aquí está el meollo de toda la cuestión. Pues la fuerza de trabajo es una mercancía muy especial. Tiene una particularidad específica que deberemos retener y es que puede crear más valor del que ella ha costado. Gracias al desarrollo de la productividad del trabajo este puede producir más bienes y servicios de los que el mismo trabajador necesita para su consumo. Y si recordáis este era el supuesto para la existencia de un excedente permanente.
El capital
El capitalista que posee una cantidad de dinero D lo transforma en capital productivo, es decir, compra maquinaria y materias primas por un lado y fuerza de trabajo por el otro. A la maquinaria y las materias primas es lo que vamos a llamar Capital constante C. Constante porque en el acto productivo en el que aparece ahora, no como fin, sino como condición de la producción sólo transmitirá su valor al producto final. Y Capital porque no son únicamente herramientas, máquinas y materias primas sino que son el producto del trabajo apropiado de forma monopólica y a través de la palanca social de la propiedad privada por parte de una clase social: la burguesía.
El Capital variable V es la parte destinada por el capitalista a la compra de fuerza de trabajo FT. Se llama variable porque esta es la fracción del capital inicialmente adelantado por el capitalista que sí que sufrirá un incremento al final del proceso de producción al haber producido la fuerza de trabajo un valor superior al requerido para su propia manutención.
Por lo tanto, la fórmula de la circulación del capital es la siguiente: D – M – D´. Invertir una suma de dinero para fabricar una serie de mercancías que en su venta arrojen más dinero del que se invirtió al principio del proceso. Lo mejor será que lo veamos en un caso práctico:
Vamos a imaginarnos una fábrica de mesas. Para comenzar, el capitalista transforma su dinero en un capital productivo. Esto es, compra máquinas y materias primas (capital constante) y fuerza de trabajo (capital variable). Como nuestro empresario no es tonto ni se deja engañar compra las mercancías por su valor que será C + V. Para simplificar vamos a suponer el valor de estas mercancías que ha comprado sea:
C = 6 horas de trabajo.
V = 4 horas de trabajo.
Para poder ver la expresión monetaria del valor del capital constante y el capital variable podemos suponer que una hora de trabajo equivale a 10 euros. Por lo tanto, en términos monetarios tendríamos C = 60 euros y V = 40 euros.
Dada la productividad media del trabajo, en una hora y con la ayuda de las máquinas, el trabajador puede producir 1’75 mesas. Además, vamos a imaginar que esta es la productividad media del sector de empresas que producen mesas. Si nuestro operario trabajara con máquinas obsoletas y empleara más trabajo que la media social estaría despilfarrando trabajo. Como explicamos anteriormente el mercado sólo le reconocerá el trabajo socialmente necesario y no el trabajo que realmente emplea.
Volvamos al proceso de producción y recordemos que lo que paga el capitalista al trabajador no es el valor de lo que produce sino el valor de su fuerza de trabajo. Esto quiere decir que bajo nuestro supuesto 40 euros son suficientes para que el obrero pueda comprar sus bienes salariales. Estos 40 euros son reproducidos por el trabajador en 4 horas de trabajo en los que elaborará una cantidad de mercancías que en su intercambio repondrán a su empresario el valor del salario que ha pagado al trabajador. Sin embargo, cuando el trabajador haya repuesto el valor de sus bienes salariales este no podrá abandonar la fábrica pues el empresario le ha pagado su salario para que trabaje 8 horas y no 4. Si se fuera justo en este momento el empresario tendría una serie de mercancías con el mismo valor que el capital que el invirtió y no obtendría ningún beneficio. Por lo tanto, nuestro trabajador tendrá que realizar una jornada laboral de 8 horas. En estas 8 horas y con una productividad media de 1’75 mesas a la hora habrá fabricado al finalizar la jornada laboral un total de 14 mesas.
8 horas de trabajo x 1’75 mesas a la hora = 14 mesas.
Vamos a ver cómo se reconstituyen los elementos del proceso de producción siguiendo las leyes del intercambio mercantil.
C = 6 horas à 6 mesas à 60 euros
V = 4 horas à 4 mesas à 40 euros
PV = 4 horas à 4 mesas à 40 euros
Cada mesa incorporaría aproximadamente 25.7 minutos de trabajo pasado encarnado en los medios de producción y 34.3 minutos de trabajo presente añadido por el trabajador.
Así que nuestro empresario habrá comprado bienes productivos por valor de 10 horas de trabajo C + V y gracias al valor de uso del trabajo que es la de producir más valor del que cuesta habrá conseguido una cantidad de mesas que tendrán el valor de 14 horas de trabajo C + V + PV. Esta diferencia de 4 horas es precisamente la plusvalía que se materializa en una cantidad dada de mercancías. Así que el fundamento de la plusvalía es el plustrabajo más allá del trabajo necesario para reponer el salario y que se materializa en una masa de mercancías.
La jornada laboral de nuestro trabajador la podemos dividir en dos partes. Durante las primeras cuatro horas V, el obrero produce una masa de mercancías que reproducen el valor de su salario. Es la parte pagada de la jornada laboral. Las siguientes 4 horas es la parte impagada de la jornada laboral en la que el obrero trabaja sin contraprestación alguna para el empresario. En consecuencia, la relación entre trabajo necesario y trabajo excedente nos da la tasa de explotación del trabajo: PV / V. En nuestro caso 4 horas de trabajo excedente partido por 4 horas de trabajo necesario nos da una tasa de explotación del 100%. ¡Vaya, como nuestro amigo Viernes!
Pv trabajo no pagado trabajo excedente
Tasa de Pv = ──── = ───────────── = ───────────
V trabajo pagado trabajo necesario
La tasa de ganancia no se corresponde con la tasa de explotación porque hay que relacionar todavía la plusvalía con el capital total invertido. Así que la tasa de ganancia vendrá definido por PV / C +V que en nuestro caso sería 4 / 6 +4 = 40 %
La explotación del trabajo bajo las relaciones feudales era muy clara pues las dos partes del tiempo de trabajo del campesino se dividían tanto en el tiempo como en su localización geográfica. Simplificando, el siervo trabajaba 3 días de la semana en sus tierras que constituía el tiempo de trabajo necesario para elaborar los productos necesarios para su sustento. Los otros 3 días de la semana trabajaba en las tierras del señor feudal y era el tiempo de trabajo excedente en que producía los bienes de consumo del amo. Sin embargo, la relación salarial que se establece entre el capitalista y el obrero borra toda huella de la división de la jornada laboral en trabajo necesario y trabajo excedente. Bajo la relación salarial capitalista toda la jornada laboral aparece como trabajo necesario o trabajado pagado ya que la frontera con la parte de la jornada excedente no es visible. Así, sobre la base de la relación salarial el trabajo no retribuido aparece como trabajo pagado.
Sería interesante que en los puestos de trabajo sonara una campana cada vez que el trabajador pasara del trabajo necesario al trabajo gratuito para su empresario.
Recordemos que no se trata de un burdo robo. El empresario paga al obrero el salario por su fuerza de trabajo y en cumplimiento estricto de las leyes del intercambio mercantil, esto es pagando la fuerza de trabajo por su valor. Sin embargo, el obrero no finaliza su jornada cuando ha producido una masa de mercancías que en su intercambio repondrán el valor de su fuerza de trabajo. Si esto fuera así no existiría ningún excedente, ni plusvalía, ni por lo tanto ganancia alguna. Recordemos que el trabajador cobra con su salario el valor de lo que él cuesta y no el valor que él produce.
El objetivo del empresario es el beneficio así que cuanto mayor sea la parte de la jornada que se apropia sin entregar equivalente alguno mayor será su ganancia. En consecuencia tendrá que incrementar la explotación del trabajo. Veamos de forma sencilla que opciones se pueden presentar en la distribución de la jornada laboral de nuestro trabajador pues las fronteras entre el trabajo necesario y el trabajo excedente son fluidas y la lucha de clases, así como el desarrollo tecnológico, juegan aquí un papel fundamental.
En primer lugar, el empresario puede alargar la jornada laboral del trabajador de 8 horas al día a 10. Si mantenemos la tasa de explotación al 100%, el obrero aumentará su salario de 40 a 50 euros para poder reponer el mayor desgaste físico y para poder tener una mayor participación en el fondo de consumo como contrapartida. Ahora el empresario se apropiará cada día de 5 horas de plustrabajo y no de 4. Sin esfuerzo alguno obtiene más plusvalía de su trabajador que antes. Otro mecanismo que no va a dejar pasar de largo nuestro empresario es el de potenciar el trabajo que se condensa en cada segundo de trabajo. Esto es, intensificar el ritmo de trabajo para que una hora de trabajo de sus trabajadores produzca más mercancías que antes. Éstas fórmulas que nos son tan familiares en los centro de trabajo es lo que encuadramos dentro de los mecanismos de extracción de la plusvalía absoluta. Fijaros que en nuestro ejemplo la tasa de explotación permanece constante pero la masa de plusvalía aumenta pasando de 4 a 5 horas de trabajo excedente.
El siguiente mecanismo que interviene en el incremento de la explotación del trabajo permite dejar intactos los límites de la jornada laboral y está relacionado con la tendencia de la productividad del trabajo a desarrollarse. En nuestro ejemplo el valor de la fuerza de trabajo era de 4 horas. Pues bien, imaginemos que un incremento de la productividad del trabajo en aquellas ramas que producen bienes de consumo salariales consigue reducir de 4 a 2 horas el valor de la fuerza de trabajo. ¿Qué quiere decir esto? Pues que gracias a la mayor productividad del trabajo ahora ya sólo son suficientes 2 horas de trabajo social necesario para producir los bienes y servicios que consumirá nuestro trabajador en la fábrica de mesas. El trabajador tiene que dedicar una parte cada vez menor de su jornada para reponer su salario, y por lo tanto, es mayor la parte de la misma en la cual crea trabajo no retribuido, plustrabajo. En consecuencia, la parte de la jornada excedente ya no será de 4 horas sino que absorberá los beneficios del incremento de la productividad del trabajo en la forma de un mayor plustrabajo. Esta extracción de la plusvalía que está relacionado con el desarrollo de la productividad del trabajo y que opera de forma invisible a los ojos de los trabajadores la ubicamos en los mecanismos de extracción de la plusvalía relativa. Una reducción del salario real, es una manifestación palpable del ataque del capitalista y produce, por lo general, una respuesta organizada por parte de los trabajadores. Sin embargo el descenso invisible del salario relativo, motivado por el progreso técnico, pasa inadvertido delante del trabajador que no es consciente de su empobrecimiento en proporción a la magnitud de la riqueza creada.
¿Habéis pensado cuánto se ha reducido la jornada laboral en los últimos 50 años a pesar de los incrementos de la productividad del trabajo? ¿Quién ha se ha beneficiado de la mayor capacidad productiva del trabajo? ¿Puede darse a la vez un incremento del salario real y de la tasa de explotación?
Valor y riqueza.
Antes de finalizar, vamos a realizar una breve digresión. Es de vital importancia para poder entender la explotación del trabajo que una cosa es el valor y otra cosa muy distinta es la riqueza. Hemos dicho hace un momento que la sustancia del valor es la forma social que adopta el producto del trabajo en una sociedad mercantil. La riqueza es el resultado del producto del trabajo en su unión con los elementos necesarios de la naturaleza o de la interacción social en el caso de los bienes de servicio. Son los valores de uso de las mercancías que en su capacidad de satisfacernos nos hacen más o menos ricos. ¿Dónde queremos llegar? Bueno, lo que debería quedar claro es que el trabajo, gracias a su productividad, puede producir más o menos valores de uso en un determinado lapso de tiempo. Así, una hora de trabajo medio, según el horizonte tecnológico, se encarnará en una cantidad mayor de valores de uso con el progreso de la productividad del trabajo. Sin embargo su valor será el mismo, pues es una hora del trabajo que la sociedad ha destinado a su producción. Pensemos en un obrero que hace 10 años producía como media 100 lápices en media hora de trabajo presente añadiendo en trabajo pasado otra media hora encarnada en los requisitos de la producción. Si este mismo obrero ahora es capaz de producir 1000 lápices en el mismo lapso de tiempo pasado y presente pero de distinta composición (por ejemplo 15 minutos de trabajo vivo más 45 minutos de trabajo pasado encarnado en los medios de producción) el valor de los 1000 lápices será el mismo que el de los 100 lápices de hace 10 años: una hora de trabajo social. La productividad del trabajo se habrá multiplicado por 10 y la sociedad será 10 veces más rica en lápices pero el costo social que le representa producir estos lápices seguirá siendo el mismo, una hora de trabajo social necesario Tsn.
También es importante retener la idea que la riqueza del trabajador es de una naturaleza bien distinta de la riqueza del empresario. La riqueza del trabajador se funda sobre el propio trabajo y en el intercambio de equivalentes específico de la circulación mercantil que se deriva necesariamente de la división social del trabajo y de la producción por unidades privadas e independientes. Además, bajo el capitalismo, la riqueza del trabajador no le permite superar su condición de asalariado y tiene que vender constantemente su fuerza de trabajo para poder subsistir. Como hemos dicho anteriormente, las condiciones de su explotación son las condiciones de su existencia. Por otro lado la riqueza del empresario se nutre de la apropiación del trabajo ajeno expropiado sin contraprestación alguna bajo el acicate de la necesidad del trabajador de vender su capacidad de trabajo y el monopolio que él ejerce sobre los medios de producción. Esta riqueza además se puede acumular y puede ser reinvertida en capital productivo para incrementar la apropiación de trabajo ajeno. Así, una riqueza se funda en el trabajo propio y la otra en la apropiación de los frutos del trabajo ajeno. Mejor dicho, en la explotación.
Conceptos clave
• C = Valor de los medios de producción. Máquinas y materias primas. Trabajo pasado.
• V = Valor de la fuerza de trabajo. (Salario en su expresión monetaria)
• V + Pv = Valor creado por la fuerza de trabajo. Trabajo necesario + Trabajo excedente
• C + V + Pv = Valor del producto Trabajo pasado + Trabajo vivo
• Tasa de explotación = Pv / V = Trabajo excedente / Trabajo necesario
• Tasa de beneficio = Pv / C + V = Trabajo excedente / Trabajo muerto + Trabajo vivo
___________
Xabier Gracia
El trabajo
Cualquier sociedad para poder existir y reproducir las condiciones de su existencia debe producir una serie de bienes y servicios necesarios por medio del trabajo. Por lo tanto, el trabajo es la actividad consciente y social mediante la cual el hombre moldea su medio natural y social con el objeto de dotarse de forma continuada de los bienes y servicios necesarios para la vida en sociedad. Para poder producir sus bienes y servicios, además del trabajo y la naturaleza, el ser humano necesita dotarse de herramientas. Esto quiere decir que una parte de su producción consistirá en bienes productivos que tienen como finalidad potenciar la capacidad del trabajo en la transformación de los recursos naturales y sociales que surgen de la existencia del individuo como ser social. Estos productos del trabajo que tienen como objetivo servir al proceso productivo y no al consumo los llamaremos Medios de producción MP.
Con el paso del tiempo y la acumulación del conocimiento y de la experiencia asistimos a un desarrollo de la productividad del trabajo. ¿Qué entendemos por productividad del trabajo? Bueno, pues es la capacidad del trabajo (no de la herramienta o máquina pues los bienes de producción son fruto del trabajo y del saber social) de producir más bienes y servicios con mayor calidad y en un lapso determinado de tiempo. Esto quiere decir, que con el incremento de la productividad del trabajo el hombre tiene que destinar cada vez menos tiempo y esfuerzo en producir los bienes materiales y de servicio. Como resultado del desarrollo tecnológico y del conocimiento la suma de trabajo directo e indirecto (encarnado en los medios de producción) permite que cada vez se pueda producir más cosas y servicio útiles en menos tiempo de trabajo.
Es necesario retener la importancia de la productividad del trabajo, pues sin este desarrollo el hombre tendría que pasar la mayor parte de su tiempo produciendo sus bienes necesarios para poder subsistir. Por lo tanto, el incremento de la productividad del trabajo es la condición objetiva que permite que una parte de la población se desligue del proceso directo de la producción. Y es sobre esta base que se desarrolla y profundiza la división del trabajo y la separación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. Todos estos factores inciden a su vez en el incremento de la productividad del trabajo.
De este modo, al lado del producto necesario para la supervivencia de la comunidad se va constituyendo un excedente constante, que no es otra cosa que una primera forma de sobreproducto social. La capacidad para producir este excedente es la base objetiva que hace posible el desarrollo de las primeras formas complejas de división social del trabajo, la separación del artesanado de la agricultura, de la ciudad y el campo, pero es también el fundamento para la división de la sociedad en clases. Mientras la sociedad es demasiado pobre y la productividad del trabajo no permite la constitución de un excedente constante, la desigualdad social apenas puede desarrollarse.
En conclusión, sin trabajo las materias primas no pueden ser extraídas ni transformadas para su uso productivo o consumo final. Sin trabajo no se pueden elaborar las herramientas ni las máquinas necesarias para la producción. Sin trabajo el hombre no puede existir. Sin el trabajo no puede desarrollarse el sustrato material y social sobre el que se asienta la cultura, el arte, la filosofía, el conocimiento, etc. Sin su actividad laboral, el hombre no puede adquirir los elementos civilizatorios que definen y conforman las sociedades humanas.
Por lo tanto, lo que tenemos que comprender es como reparte una sociedad su tiempo de trabajo entre las diferentes actividades productivas y de intercambio. Debemos entender qué mecanismos de distribución se derivan necesariamente de las relaciones que los hombres establecen en el acto productivo. Por consiguiente, las relaciones sociales que los hombres establecen en torno a los requisitos necesarios para producir MP son la clave para entender la conformación de una sociedad dada. El control de los medios de producción permite a una parte de la sociedad apropiarse de los frutos del trabajo ajeno. Esta apropiación del excedente por parte de la clase que ejerce su dominio sobre los medios de producción y/o sobre el entramado de instituciones y formas de conciencia social es lo que llamamos explotación.
Es muy importante entender que la explotación del trabajo no es un problema de distribución sino de producción. Pongamos un ejemplo sencillo y pensemos por un momento en la isla de Crusoe y de Viernes. En la isla, mientras Crusoe se dedica a la especulación metafísica y a meditar sobre la migración del atún rojo y sus áreas de desove, Viernes se pasa el día trabajando, buscando cocos, elaborando lanzas para poder pescar, recolectando bayas, construyendo la casa y aquellos elementos que hacen más fácil la vida en la isla. Cada noche, mientras se sientan en torno al fuego los dos habitantes de la isla se reparten los frutos del trabajo. Los frutos del trabajo de Viernes, claro está. Frutos sin los cuales nuestro amigo metafísico no podría vivir porque por más que esté en las nubes tiene que bajar a la tierra para alimentarse y poder sustentar su existencia que es bien física. Como son muy buenos amigos se reparten los frutos del trabajo de Viernes a partes iguales. Así que tendríamos una distribución totalmente equitativa pero con una explotación del trabajo del 100%, pues si el tiempo que Viernes dedica a trabajar cada día son 8 horas, cuatro las trabajaría para él y otras cuatro para el estómago y la fantasía del amigo Crusoe. Que encima es quien escribirá el libro…
La mercancía
En la sociedad en que vivimos la riqueza adopta la forma de mercancías M. ¿Qué es una mercancía? Pues en primer lugar debemos decir que es la forma social que adopta el producto del trabajo en una sociedad mercantil. ¿Y esto por qué? Pues porque, fruto del desarrollo histórico, vivimos en una sociedad mercantil en la que la producción se efectúa a través de unidades privadas e independientes de producción. Estas empresas o unidades productivas no actúan conforme a un plan derivado de las necesidades sociales y sobre la base de las decisiones democráticas de la sociedad. Por lo tanto, la venta de la mercancía es la forma que tiene la sociedad de validar el trabajo social que se ha encarnado en la mercancía. La mercancía en su intercambio relaciona el trabajo individual de los distintos productores privados a través del mecanismo social del mercado.
Es importante entender que no todos los productos del trabajo se convierten en mercancías. Así, los frutos de la actividad laboral de nuestro amigo Viernes no van a un mercado para obtener otra mercancía en su intercambio. El estómago de Crusoe rápidamente da buena cuenta de ellos y no permite que entre él y Viernes surja un intercambio. El campesino que consume directamente parte de su producción no la transforma en mercancía. Así, las patatas que se lleva para su cena no se convertirán nunca en mercancía. Serán sólo el producto del trabajo. Así que es importante destacar que lo que transforma el producto del trabajo en una mercancía es su corteza social. El mismo producto del trabajo puede ser así mercancía o simplemente producto.
Otra característica que debe presentar una mercancía es que sea reproducible por el trabajo. La mercancía es, en conclusión, todo bien susceptible de ser reproducido en gran cantidad y producido para ser vendido en un mercado.
Veamos que particularidades presenta una mercancía:
En primer lugar constatamos que una mercancía posee características específicas y concretas en cuanto a su capacidad de satisfacer una necesidad cualquiera. Un abrigo nos proporcionará protección contra las inclemencias del tiempo. El calzado nos permitirá proteger nuestros pies poco curtidos de la dureza del suelo. El transporte en camión nos permitirá desplazar geográficamente una mercancía o servicio. La capacidad de transmitir el conocimiento de un profesor o la atención que recibimos por parte de un camarero son productos y servicios que son útiles. No hacemos ninguna valoración moral sobre la utilidad de la mercancía desde una perspectiva social. Por lo tanto, en el enorme mundo de la satisfacción de las necesidades, podemos ir desde un rascador para la espalda con el objetivo de llegar donde no llegamos con la mano, hasta una bomba de fósforo para abrasar hasta lo más profundo de su existencia los tejidos orgánicos de un ser humano. Bien, pues a esta capacidad de satisfacer una necesidad cualquiera, a pesar de todo el desprecio que nos merezca, es el valor de uso de la mercancía.
Es necesario que entendamos que el valor de uso de una mercancía se puede materializar en un objeto o puede estar vinculado a la presencia física de la persona que realiza un servicio determinado. Sirva como ejemplo del grado de profundidad mercantil a la que nos somete la sociedad en la que vivimos el “cuidado” que, a través de los mecanismos mercantiles y de las relaciones capitalistas de producción, reciben nuestros ancianos. Por cierto que el trato que recibe la población anciana de cualquier sociedad nos da una medida muy interesante de su grado de civilización…
En segundo lugar las mercancías poseen valor de cambio ¿Que qué? Bueno, pues el valor de cambio de las mercancías es la propiedad que tienen éstas de intercambiarse las unas por las otras. Valores de uso con cualidades diferentes se intercambian en unas determinadas proporciones cuantitativas. ¿Por qué subrayamos diferentes? Pues porque su razón de intercambio no viene determinada por el valor de uso de las mercancías. No existe una relación entre las cualidades de un sacacorchos y las propiedades de un microscopio nuclear que permita establecer una relación de intercambio entre ellos.
¿Por qué nadie me cambiaría un lápiz por un coche? ¿O por qué por un coche podría obtener no uno, sino 30.000 lápices? Entonces ¿Qué es lo que tienen en común todas las mercancías que permita obtener un patrón de intercambiabilidad? Pues la única característica común que tienen las mercancías es la propiedad social de ser el fruto del trabajo humano. Y es por eso que las mercancías poseen valor, esto es, que en ellas queda encarnada una fracción del trabajo social que la sociedad destina a producir e intercambiar los frutos del trabajo.
El elemento común que aparece en las mercancías y que determina su relación de intercambio con el resto de las mercancías es su valor y la sustancia del valor es el trabajo. Un trabajo despojado de sus cualidades concretas e igualado socialmente por el intercambio. Es lo que Marx llamó trabajo social abstracto que es el trabajo que determina que las mercancías tengan valor, mientras que el trabajo concreto es el trabajo que determina que las mercancías posean un valor de uso. Por lo tanto, es de vital importancia entender que la sustancia del valor es puramente social y que en ella no entra ni un solo átomo de sustancia natural. El valor es la forma social e históricamente determinada del producto del trabajo en la sociedad mercantil.
En consecuencia, la medida del valor de una mercancía es la cantidad de trabajo pasado y presente que se necesita para su producción. ¿Presente y pasado? Pues sí, porque veíamos antes que el hombre no produce directamente con sus manos sino que mediante el trabajo se dota de herramientas, máquinas, instalaciones. No sólo eso, sino que también tiene que haber existido un trabajo previo para extraer y transformar las materias primas para que sean aptas para la producción. El trabajo pasado, es el fruto del trabajo que en su momento se destinó para producir las condiciones necesarias que permiten llevar a cabo el acto productivo. Así, el tiempo de trabajo necesario para producir una mercancía abarca el trabajo directo o vivo del trabajador más el trabajo indirecto o muerto incorporado anteriormente por otros trabajadores y que ha quedado cristalizado en las máquinas y materias primas.
Ahora bien, ¿cuenta cualquier trabajo como sustancia del valor? Pues no, únicamente el trabajo social necesario Tsn es el que se alzará con la cualidad de ser la sustancia del valor. ¿Qué es el trabajo social necesario? Pues el trabajo que, dado un nivel tecnológico, se requiere como promedio para la producción de un bien o servicio. Esto significa que si un trabajador emplea más tiempo del normal, o produce con maquinaria antigua, el mercado sólo le va a reconocer el trabajo social medio encarnado en la mercancía. El resto del trabajo añadido se esfumará y no se podrá realizar en la venta de esa mercancía. Entender esto es muy importante, porque a través de los precios de las mercancías (entendiendo el precio como la expresión monetaria del valor) irá abriéndose paso la productividad media del trabajo como la presión coactiva del descenso del valor de la mercancía en el campo de batalla que es el mercado. Cuanto menos trabajo directo e indirecto incorpore una mercancía más barata se podrá vender y más competitiva será en la guerra de todos contra todos del mercado.
La fórmula que expresa el intercambio entre las mercancías se puede esquematizar de la siguiente manera: M – D – M. Mercancía-dinero-mercancía. El movimiento M – M no es más que intercambio de mercancías por mercancías en las que el dinero simplemente actúa como medio para facilitar el cambio entre las mercancías (Un pantalón – 100 euros – 2 camisas). Es importante retener ésta lógica porque es la del mercado y tiene una implicación de primer orden: no se intercambian las mercancías si no es a cambio de otras mercancías.
La fuerza de trabajo
Entendemos el capital como una relación social y no como una simple cantidad de bienes productivos. Para que las máquinas y las materias primas puedan funcionar como capital es necesario otro requisito. Esta condición surge como resultado del proceso histórico de descomposición de las relaciones de producción precapitalistas (relaciones feudales, campesinado con tierras propias o artesanado) que tiene como consecuencia la formación de una clase que está despojada de cualquier medio necesario para producir sus bienes de subsistencia. Así, bajo las relaciones de producción capitalista los medios de producción MP aparecen como el monopolio de una parte de la sociedad que les permite reclamar la propiedad del producto del trabajo.
Así, uno de los rasgos distintivos del conjunto de relaciones sociales de producción capitalista es que el trabajador, o más bien su capacidad o fuerza de trabajo FT, se transforma en una mercancía más. La capacidad de trabajo es el conjunto de facultades físicas e intelectuales del trabajador. La venta de su capacidad de trabajo es la condición de existencia del propio trabajador y de su familia. Por lo tanto, las condiciones de su propia explotación son a su vez las condiciones de su propia existencia.
El capitalista compra la fuerza de trabajo en el mercado como una mercancía más. Consiguientemente, si la fuerza de trabajo es una mercancía tendrá como las demás mercancías un valor de cambio. Este valor se determinará, como en el resto de las mercancías, por el tiempo de trabajo necesario para su producción. Así que el valor de la fuerza de trabajo será el tiempo de trabajo necesario para producir los bienes y servicios necesarios para el mantenimiento y reproducción de la fuerza de trabajo. Ahora bien, estos bienes necesarios son de dos clases: Un primer grupo de bienes permite a los trabajadores subsistir, reproducirse (tener hijos que permitan la renovación constante de la fuerza laboral) y cumplir con los requerimientos fisiológicos propios de su existencia. El otro conjunto de bienes contiene un elemento social e histórico que varía en función de las necesidades que se van desarrollando en la sociedad y que pueden ser satisfechas gracias a la productividad del propio trabajo. En este grupo estarían las vacaciones, ciertas formas de ocio masivo, etc.
Consiguientemente, lo que el obrero recibe a cambio de su fuerza de trabajo es el salario. El salario es la expresión monetaria del valor de la fuerza de trabajo: es su precio. Y es preciso que entendamos bien este punto, porque lo que remunera el salario no es todo el trabajo que proporciona el trabajador sino solamente una parte, aquella que es precisa para producir los bienes que constituyen el valor de su fuerza de trabajo o bienes salariales.
Y aquí está el meollo de toda la cuestión. Pues la fuerza de trabajo es una mercancía muy especial. Tiene una particularidad específica que deberemos retener y es que puede crear más valor del que ella ha costado. Gracias al desarrollo de la productividad del trabajo este puede producir más bienes y servicios de los que el mismo trabajador necesita para su consumo. Y si recordáis este era el supuesto para la existencia de un excedente permanente.
El capital
El capitalista que posee una cantidad de dinero D lo transforma en capital productivo, es decir, compra maquinaria y materias primas por un lado y fuerza de trabajo por el otro. A la maquinaria y las materias primas es lo que vamos a llamar Capital constante C. Constante porque en el acto productivo en el que aparece ahora, no como fin, sino como condición de la producción sólo transmitirá su valor al producto final. Y Capital porque no son únicamente herramientas, máquinas y materias primas sino que son el producto del trabajo apropiado de forma monopólica y a través de la palanca social de la propiedad privada por parte de una clase social: la burguesía.
El Capital variable V es la parte destinada por el capitalista a la compra de fuerza de trabajo FT. Se llama variable porque esta es la fracción del capital inicialmente adelantado por el capitalista que sí que sufrirá un incremento al final del proceso de producción al haber producido la fuerza de trabajo un valor superior al requerido para su propia manutención.
Por lo tanto, la fórmula de la circulación del capital es la siguiente: D – M – D´. Invertir una suma de dinero para fabricar una serie de mercancías que en su venta arrojen más dinero del que se invirtió al principio del proceso. Lo mejor será que lo veamos en un caso práctico:
Vamos a imaginarnos una fábrica de mesas. Para comenzar, el capitalista transforma su dinero en un capital productivo. Esto es, compra máquinas y materias primas (capital constante) y fuerza de trabajo (capital variable). Como nuestro empresario no es tonto ni se deja engañar compra las mercancías por su valor que será C + V. Para simplificar vamos a suponer el valor de estas mercancías que ha comprado sea:
C = 6 horas de trabajo.
V = 4 horas de trabajo.
Para poder ver la expresión monetaria del valor del capital constante y el capital variable podemos suponer que una hora de trabajo equivale a 10 euros. Por lo tanto, en términos monetarios tendríamos C = 60 euros y V = 40 euros.
Dada la productividad media del trabajo, en una hora y con la ayuda de las máquinas, el trabajador puede producir 1’75 mesas. Además, vamos a imaginar que esta es la productividad media del sector de empresas que producen mesas. Si nuestro operario trabajara con máquinas obsoletas y empleara más trabajo que la media social estaría despilfarrando trabajo. Como explicamos anteriormente el mercado sólo le reconocerá el trabajo socialmente necesario y no el trabajo que realmente emplea.
Volvamos al proceso de producción y recordemos que lo que paga el capitalista al trabajador no es el valor de lo que produce sino el valor de su fuerza de trabajo. Esto quiere decir que bajo nuestro supuesto 40 euros son suficientes para que el obrero pueda comprar sus bienes salariales. Estos 40 euros son reproducidos por el trabajador en 4 horas de trabajo en los que elaborará una cantidad de mercancías que en su intercambio repondrán a su empresario el valor del salario que ha pagado al trabajador. Sin embargo, cuando el trabajador haya repuesto el valor de sus bienes salariales este no podrá abandonar la fábrica pues el empresario le ha pagado su salario para que trabaje 8 horas y no 4. Si se fuera justo en este momento el empresario tendría una serie de mercancías con el mismo valor que el capital que el invirtió y no obtendría ningún beneficio. Por lo tanto, nuestro trabajador tendrá que realizar una jornada laboral de 8 horas. En estas 8 horas y con una productividad media de 1’75 mesas a la hora habrá fabricado al finalizar la jornada laboral un total de 14 mesas.
8 horas de trabajo x 1’75 mesas a la hora = 14 mesas.
Vamos a ver cómo se reconstituyen los elementos del proceso de producción siguiendo las leyes del intercambio mercantil.
C = 6 horas à 6 mesas à 60 euros
V = 4 horas à 4 mesas à 40 euros
PV = 4 horas à 4 mesas à 40 euros
Cada mesa incorporaría aproximadamente 25.7 minutos de trabajo pasado encarnado en los medios de producción y 34.3 minutos de trabajo presente añadido por el trabajador.
Así que nuestro empresario habrá comprado bienes productivos por valor de 10 horas de trabajo C + V y gracias al valor de uso del trabajo que es la de producir más valor del que cuesta habrá conseguido una cantidad de mesas que tendrán el valor de 14 horas de trabajo C + V + PV. Esta diferencia de 4 horas es precisamente la plusvalía que se materializa en una cantidad dada de mercancías. Así que el fundamento de la plusvalía es el plustrabajo más allá del trabajo necesario para reponer el salario y que se materializa en una masa de mercancías.
La jornada laboral de nuestro trabajador la podemos dividir en dos partes. Durante las primeras cuatro horas V, el obrero produce una masa de mercancías que reproducen el valor de su salario. Es la parte pagada de la jornada laboral. Las siguientes 4 horas es la parte impagada de la jornada laboral en la que el obrero trabaja sin contraprestación alguna para el empresario. En consecuencia, la relación entre trabajo necesario y trabajo excedente nos da la tasa de explotación del trabajo: PV / V. En nuestro caso 4 horas de trabajo excedente partido por 4 horas de trabajo necesario nos da una tasa de explotación del 100%. ¡Vaya, como nuestro amigo Viernes!
Pv trabajo no pagado trabajo excedente
Tasa de Pv = ──── = ───────────── = ───────────
V trabajo pagado trabajo necesario
La tasa de ganancia no se corresponde con la tasa de explotación porque hay que relacionar todavía la plusvalía con el capital total invertido. Así que la tasa de ganancia vendrá definido por PV / C +V que en nuestro caso sería 4 / 6 +4 = 40 %
La explotación del trabajo bajo las relaciones feudales era muy clara pues las dos partes del tiempo de trabajo del campesino se dividían tanto en el tiempo como en su localización geográfica. Simplificando, el siervo trabajaba 3 días de la semana en sus tierras que constituía el tiempo de trabajo necesario para elaborar los productos necesarios para su sustento. Los otros 3 días de la semana trabajaba en las tierras del señor feudal y era el tiempo de trabajo excedente en que producía los bienes de consumo del amo. Sin embargo, la relación salarial que se establece entre el capitalista y el obrero borra toda huella de la división de la jornada laboral en trabajo necesario y trabajo excedente. Bajo la relación salarial capitalista toda la jornada laboral aparece como trabajo necesario o trabajado pagado ya que la frontera con la parte de la jornada excedente no es visible. Así, sobre la base de la relación salarial el trabajo no retribuido aparece como trabajo pagado.
Sería interesante que en los puestos de trabajo sonara una campana cada vez que el trabajador pasara del trabajo necesario al trabajo gratuito para su empresario.
Recordemos que no se trata de un burdo robo. El empresario paga al obrero el salario por su fuerza de trabajo y en cumplimiento estricto de las leyes del intercambio mercantil, esto es pagando la fuerza de trabajo por su valor. Sin embargo, el obrero no finaliza su jornada cuando ha producido una masa de mercancías que en su intercambio repondrán el valor de su fuerza de trabajo. Si esto fuera así no existiría ningún excedente, ni plusvalía, ni por lo tanto ganancia alguna. Recordemos que el trabajador cobra con su salario el valor de lo que él cuesta y no el valor que él produce.
El objetivo del empresario es el beneficio así que cuanto mayor sea la parte de la jornada que se apropia sin entregar equivalente alguno mayor será su ganancia. En consecuencia tendrá que incrementar la explotación del trabajo. Veamos de forma sencilla que opciones se pueden presentar en la distribución de la jornada laboral de nuestro trabajador pues las fronteras entre el trabajo necesario y el trabajo excedente son fluidas y la lucha de clases, así como el desarrollo tecnológico, juegan aquí un papel fundamental.
En primer lugar, el empresario puede alargar la jornada laboral del trabajador de 8 horas al día a 10. Si mantenemos la tasa de explotación al 100%, el obrero aumentará su salario de 40 a 50 euros para poder reponer el mayor desgaste físico y para poder tener una mayor participación en el fondo de consumo como contrapartida. Ahora el empresario se apropiará cada día de 5 horas de plustrabajo y no de 4. Sin esfuerzo alguno obtiene más plusvalía de su trabajador que antes. Otro mecanismo que no va a dejar pasar de largo nuestro empresario es el de potenciar el trabajo que se condensa en cada segundo de trabajo. Esto es, intensificar el ritmo de trabajo para que una hora de trabajo de sus trabajadores produzca más mercancías que antes. Éstas fórmulas que nos son tan familiares en los centro de trabajo es lo que encuadramos dentro de los mecanismos de extracción de la plusvalía absoluta. Fijaros que en nuestro ejemplo la tasa de explotación permanece constante pero la masa de plusvalía aumenta pasando de 4 a 5 horas de trabajo excedente.
El siguiente mecanismo que interviene en el incremento de la explotación del trabajo permite dejar intactos los límites de la jornada laboral y está relacionado con la tendencia de la productividad del trabajo a desarrollarse. En nuestro ejemplo el valor de la fuerza de trabajo era de 4 horas. Pues bien, imaginemos que un incremento de la productividad del trabajo en aquellas ramas que producen bienes de consumo salariales consigue reducir de 4 a 2 horas el valor de la fuerza de trabajo. ¿Qué quiere decir esto? Pues que gracias a la mayor productividad del trabajo ahora ya sólo son suficientes 2 horas de trabajo social necesario para producir los bienes y servicios que consumirá nuestro trabajador en la fábrica de mesas. El trabajador tiene que dedicar una parte cada vez menor de su jornada para reponer su salario, y por lo tanto, es mayor la parte de la misma en la cual crea trabajo no retribuido, plustrabajo. En consecuencia, la parte de la jornada excedente ya no será de 4 horas sino que absorberá los beneficios del incremento de la productividad del trabajo en la forma de un mayor plustrabajo. Esta extracción de la plusvalía que está relacionado con el desarrollo de la productividad del trabajo y que opera de forma invisible a los ojos de los trabajadores la ubicamos en los mecanismos de extracción de la plusvalía relativa. Una reducción del salario real, es una manifestación palpable del ataque del capitalista y produce, por lo general, una respuesta organizada por parte de los trabajadores. Sin embargo el descenso invisible del salario relativo, motivado por el progreso técnico, pasa inadvertido delante del trabajador que no es consciente de su empobrecimiento en proporción a la magnitud de la riqueza creada.
¿Habéis pensado cuánto se ha reducido la jornada laboral en los últimos 50 años a pesar de los incrementos de la productividad del trabajo? ¿Quién ha se ha beneficiado de la mayor capacidad productiva del trabajo? ¿Puede darse a la vez un incremento del salario real y de la tasa de explotación?
Valor y riqueza.
Antes de finalizar, vamos a realizar una breve digresión. Es de vital importancia para poder entender la explotación del trabajo que una cosa es el valor y otra cosa muy distinta es la riqueza. Hemos dicho hace un momento que la sustancia del valor es la forma social que adopta el producto del trabajo en una sociedad mercantil. La riqueza es el resultado del producto del trabajo en su unión con los elementos necesarios de la naturaleza o de la interacción social en el caso de los bienes de servicio. Son los valores de uso de las mercancías que en su capacidad de satisfacernos nos hacen más o menos ricos. ¿Dónde queremos llegar? Bueno, lo que debería quedar claro es que el trabajo, gracias a su productividad, puede producir más o menos valores de uso en un determinado lapso de tiempo. Así, una hora de trabajo medio, según el horizonte tecnológico, se encarnará en una cantidad mayor de valores de uso con el progreso de la productividad del trabajo. Sin embargo su valor será el mismo, pues es una hora del trabajo que la sociedad ha destinado a su producción. Pensemos en un obrero que hace 10 años producía como media 100 lápices en media hora de trabajo presente añadiendo en trabajo pasado otra media hora encarnada en los requisitos de la producción. Si este mismo obrero ahora es capaz de producir 1000 lápices en el mismo lapso de tiempo pasado y presente pero de distinta composición (por ejemplo 15 minutos de trabajo vivo más 45 minutos de trabajo pasado encarnado en los medios de producción) el valor de los 1000 lápices será el mismo que el de los 100 lápices de hace 10 años: una hora de trabajo social. La productividad del trabajo se habrá multiplicado por 10 y la sociedad será 10 veces más rica en lápices pero el costo social que le representa producir estos lápices seguirá siendo el mismo, una hora de trabajo social necesario Tsn.
También es importante retener la idea que la riqueza del trabajador es de una naturaleza bien distinta de la riqueza del empresario. La riqueza del trabajador se funda sobre el propio trabajo y en el intercambio de equivalentes específico de la circulación mercantil que se deriva necesariamente de la división social del trabajo y de la producción por unidades privadas e independientes. Además, bajo el capitalismo, la riqueza del trabajador no le permite superar su condición de asalariado y tiene que vender constantemente su fuerza de trabajo para poder subsistir. Como hemos dicho anteriormente, las condiciones de su explotación son las condiciones de su existencia. Por otro lado la riqueza del empresario se nutre de la apropiación del trabajo ajeno expropiado sin contraprestación alguna bajo el acicate de la necesidad del trabajador de vender su capacidad de trabajo y el monopolio que él ejerce sobre los medios de producción. Esta riqueza además se puede acumular y puede ser reinvertida en capital productivo para incrementar la apropiación de trabajo ajeno. Así, una riqueza se funda en el trabajo propio y la otra en la apropiación de los frutos del trabajo ajeno. Mejor dicho, en la explotación.
Conceptos clave
• C = Valor de los medios de producción. Máquinas y materias primas. Trabajo pasado.
• V = Valor de la fuerza de trabajo. (Salario en su expresión monetaria)
• V + Pv = Valor creado por la fuerza de trabajo. Trabajo necesario + Trabajo excedente
• C + V + Pv = Valor del producto Trabajo pasado + Trabajo vivo
• Tasa de explotación = Pv / V = Trabajo excedente / Trabajo necesario
• Tasa de beneficio = Pv / C + V = Trabajo excedente / Trabajo muerto + Trabajo vivo
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Respeto y aprecio a ANDHA Chile
Respeto y aprecio a las deudoras y deudores habitaciones de ANDHA Chile, que hoy dan cátedra de lucha social.
Su mérito es mayor si se considera que quienes deberían estar en la primera línea, perdieron la brújula ética y política, y hoy sus preocupaciones rondan encubrir y convertirse en el apéndice de un conglomerado corrupto, precisamente el que en sus cuatro gobiernos ha agudizado la desigualdad y la explotación económico social.
Olvidando que ser de Izquierda implica, esencial y primeramente,
luchar por Justicia Social.
Su mérito es mayor si se considera que quienes deberían estar en la primera línea, perdieron la brújula ética y política, y hoy sus preocupaciones rondan encubrir y convertirse en el apéndice de un conglomerado corrupto, precisamente el que en sus cuatro gobiernos ha agudizado la desigualdad y la explotación económico social.
Olvidando que ser de Izquierda implica, esencial y primeramente,
luchar por Justicia Social.
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Eduardo Vivian Badilla
CENA SOLIDARIA
“POR UN TRATO JUSTO Y HUMANITARIO PARA EDUARDO VIVIAN BADILLA”
Te invitamos a compartir una cena el Jueves 4 de Junio a las 21.00 hrs , en
La Tertulia, Esmeralda 1083, Valparaíso.
La Tertulia, Esmeralda 1083, Valparaíso.
Valor: $ 6.000.-
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El nombre de mi esposo es Eduardo Guillermo Vivian Badilla, preso político, recluido en el C.C.P. de Concepción desde el 15 de noviembre de 1996. Él se inició en la lucha política en la Universidad Católica de Valparaíso, en la Jota, en el año 1985, para luego formar parte del Destacamento Estudiantil del Frente Patriótico, ligado al Partido Comunista. Producto de su profunda sensibilidad, se involucró en un proyecto político social, que tenía como finalidad el desarrollo de los trabajadores, tanto desde el punto de vista cultural como intelectual. De acá se derivaron acciones para financiar programas de radio, periódicos, murgas, encuentros sindicales, ollas comunes, y otras iniciativas. Es así como cae detenido en Quilpué, y posteriormente es trasladado a la ciudad de Concepción.Consecuente con sus ideales, comenzó a desarrollar muchas iniciativas al interior del penal, iniciativas que han venido beneficiando a muchos internos, principalmente referidas a la preparación para la Prueba de Selección Universitaria.Hoy no pertenece a ninguna orgánica política y todos estos años se ha esmerado por cumplir con los requisitos del Reglamento de Beneficios intra penitenciarios, que emana de Gendarmería. No obstante cumplirlos todos a cabalidad, el Gobierno, representado en la Dirección Nacional de Gendarmería, le ha negado sistemáticamente la posibilidad de algún beneficio, Eduardo ha postulado a Salida Dominical, desde noviembre del año 2005, ya que desde esa fecha el Reglamento se lo permite. Dadas las constantes negativas, nos hemos embarcado en la solicitud de traslado a la región en que yo resido desde el año 2006, Región de la Araucanía. Estas solicitudes, también han sido denegadas, aduciendo “alto saldo de condena” y “demasiada inteligencia”. Todo este deprimente escenario, ha provocado el colapso total y los lamentables acontecimientos de este domingo 19 de abril de 2009: mi esposo, Eduardo Vivian, en un estado de shock, intentó quitarse la vida, quemando su cuerpo a lo bonzo. Su salud en estos momentos es considerada de gravedad, se espera hoy martes 21, el retiro de los vendajes a fin de evaluar la situación actual de sus heridas y poder determinar el real riesgo vital.Desde ya agradecemos las innumerables muestras de solidaridad y afecto y requerimos nos puedan ayudar con la Solicitud de Traslado, ya sea a través de cartas al Ministro de Justicia, y al Director Nacional de Gendarmería, de tal forma que Eduardo, pueda estar físicamente más cerca de su hogar, obvio cuando su salud se lo permita. No es mucho lo que pedimos, únicamente que, al recuperarse, aunque sea por razones humanitarias, no sea devuelto al penal El Manzano y pueda continuar con su reclusión y rehabilitación física en la provincia de Malleco. Sólo eso necesitamos para que su cuerpo y espíritu, quemados por igual, puedan recuperarse paulatinamente. Esta es la constante preocupación y el gran dolor de Eduardo; necesito darle esa noticia para que tenga fuerzas para sobrevivir. Esta crisis se fue generando lentamente por la negativa a las solicitudes de beneficio, pero esta reacción tan radical - intento de suicidio- ha sido producto de una paranoia latente respecto de mi seguridad personal. Muchos años viajando desde Santiago todos los fines de semana, y otros cuanto conduciendo desde Victoria a Concepción, le hicieron delirar y manifestar que yo estaba en peligro de muerte.Termino estas palabras reiterando la necesidad de utilizar todas las vías que nos permitan sensibilizar al Gobierno, para que accedan, una vez recuperada la salud, a hacer efectivo el Traslado; sólo de esto depende su mejoría. Ni Eduardo, ni yo, estamos pidiendo libertad, ni acusar inocencia; mucho menos abusar de un pasado político; sólo pedimos se nos respete el derecho a estar juntos como familia, coexistiendo en una misma ciudad.Patricia Martínez Castro
Número celular 76676214
eduardovivianpresopolitico@gmail.com
Número celular 76676214
eduardovivianpresopolitico@gmail.com
Benedetti...
A la muerte de un canalla
todo lo contrario
La muerte de Benedetti, sin duda, nos llena de tristeza a quienes vimos en el poeta uruguayo un digno ejemplo que unió con novelas, ensayos y sobre todo con poesías, a varias generaciones
Cuántos fuimos los jóvenes que le robamos poemas intentando –a veces con éxito, otras no- enamorar bellas muchachas,
Utopía, corazón coraza, táctica y estrategia, hagamos un trato, son sólo algunos de los caballos de batalla en las conquistas
O cuando ya no había nada qué hacer la culpa es de uno, al menos podía remover la conciencia de la inconciente que nos desahuciaba
O el desesperado intento de un no te salves a veces podía salvarnos
Pero Benedetti, que entendía el amor en sus más diversas manifestaciones, también nos enseñó a amar la libertad y repudiar las tiranías que con tanta brutalidad golpearon nuestra querida América latina
Para matar al hombre que era el pueblo
Tuvieron que quedarse sin el pueblo
concluye uno de sus poemas titulado allende
De tortura y dolor también nos enseñó el maestro, siempre con sus poesías hombre preso que mira a su hijo es un noble homenaje a todos los torturados que callaron, o que putearon como locos, que es una linda forma de callar
Pero la muerte de este parcial irrescatable, también nos deja el dulce recuerdo del hombre que hizo con su vida que la vida de otros sea más digna de ser vivida
Silvio Cuneo
Mayo de 2009
todo lo contrario
La muerte de Benedetti, sin duda, nos llena de tristeza a quienes vimos en el poeta uruguayo un digno ejemplo que unió con novelas, ensayos y sobre todo con poesías, a varias generaciones
Cuántos fuimos los jóvenes que le robamos poemas intentando –a veces con éxito, otras no- enamorar bellas muchachas,
Utopía, corazón coraza, táctica y estrategia, hagamos un trato, son sólo algunos de los caballos de batalla en las conquistas
O cuando ya no había nada qué hacer la culpa es de uno, al menos podía remover la conciencia de la inconciente que nos desahuciaba
O el desesperado intento de un no te salves a veces podía salvarnos
Pero Benedetti, que entendía el amor en sus más diversas manifestaciones, también nos enseñó a amar la libertad y repudiar las tiranías que con tanta brutalidad golpearon nuestra querida América latina
Para matar al hombre que era el pueblo
Tuvieron que quedarse sin el pueblo
concluye uno de sus poemas titulado allende
De tortura y dolor también nos enseñó el maestro, siempre con sus poesías hombre preso que mira a su hijo es un noble homenaje a todos los torturados que callaron, o que putearon como locos, que es una linda forma de callar
Pero la muerte de este parcial irrescatable, también nos deja el dulce recuerdo del hombre que hizo con su vida que la vida de otros sea más digna de ser vivida
Silvio Cuneo
Mayo de 2009
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Disculpen la molestia. Por Eduardo Galeano
Disculpen la molestia
Eduardo Galeano
Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.
¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?
El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?
¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?
¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?
Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?
¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?
¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. McDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?
¿Quiénes son los justos y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?
¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?
Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.
Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?
¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?
¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.
Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.
En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo era, traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?
Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?
¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?
¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?
Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ese un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?
¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?
Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?
Según Lewis Carroll, la Reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:
–Ahí lo tienes –dijo la Reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.
En El Salvador, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. El murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.
El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?
A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.
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Declaración pública
DECLARACIÓN PÚBLICA
El nombre de mi esposo es Eduardo Guillermo Vivian Badilla, preso político, recluido en el C.C.P. de Concepción desde el 15 de noviembre de 1996.
Él se inició en la lucha política en la Universidad Católica de Valparaíso, en la Jota, en el año 1985, para luego formar parte del Destacamento Estudiantil del Frente Patriótico, ligado al Partido Comunista.
Producto de su profunda sensibilidad, se involucró en un proyecto político social, que tenía como finalidad el desarrollo de los trabajadores, tanto desde el punto de vista cultural como intelectual. De acá se derivaron acciones para financiar programas de radio, periódicos, murgas, encuentros sindicales, ollas comunes, y otras iniciativas.Es así como cae detenido en Quilpué, y posteriormente es trasladado a la ciudad de Concepción.
Consecuente con sus ideales, comenzó a desarrollar muchas iniciativas al interior del penal, iniciativas que han venido beneficiando a muchos internos, principalmente referidas a la preparación para la Prueba de Selección Universitaria.
Hoy no pertenece a ninguna orgánica política y todos estos años se ha esmerado por cumplir con los requisitos del Reglamento de Beneficios intra penitenciarios, que emana de Gendarmería. No obstante cumplirlos todos a cabalidad, el Gobierno, representado en la Dirección Nacional de Gendarmería, le ha negado sistemáticamente la posibilidad de algún beneficio, Eduardo ha postulado a Salida Dominical, desde noviembre del año 2005, ya que desde esa fecha el Reglamento se lo permite. Dadas las constantes negativas, nos hemos embarcado en la solicitud de traslado a la región en que yo resido desde el año 2006, Región de la Araucanía. Estas solicitudes, también han sido denegadas, aduciendo “alto saldo de condena” y “demasiada inteligencia”. Todo este deprimente escenario, ha provocado el colapso total y los lamentables acontecimientos de este domingo 19 de abril de 2009:Mi esposo, Eduardo Vivian, en un estado de shock, intentó quitarse la vida, quemando su cuerpo a lo bonzo. Su salud en estos momentos es considerada de gravedad, se espera hoy martes 21, el retiro de los vendajes a fin de evaluar la situación actual de sus heridas y poder determinar el real riesgo vital.
Desde ya agradecemos las innumerables muestras de solidaridad y afecto y requerimos nos puedan ayudar con la Solicitud de Traslado, ya sea a través de cartas al Ministro de Justicia, y al Director Nacional de Gendarmería, de tal forma que Eduardo, pueda estar físicamente más cerca de su hogar, obvio cuando su salud se lo permita. No es mucho lo que pedimos, únicamente que, al recuperarse, aunque sea por razones humanitarias, no sea devuelto al penal El Manzano y pueda continuar con su reclusión y rehabilitación física en la provincia de Malleco. Sólo eso necesitamos para que su cuerpo y espíritu, quemados por igual, puedan recuperarse paulatinamente. Esta es la constante preocupación y el gran dolor de Eduardo; necesito darle esa noticia para que tenga fuerzas para sobrevivir. Esta crisis se fue generando lentamente por la negativa a las solicitudes de beneficio, pero esta reacción tan radical - intento de suicidio- ha sido producto de una paranoia latente respecto de mi seguridad personal. Muchos años viajando desde Santiago todos los fines de semana, y otros cuanto conduciendo desde Victoria a Concepción, le hicieron delirar y manifestar que yo estaba en peligro de muerte.Termino estas palabras reiterando la necesidad de utilizar todas las vías que nos permitan sensibilizar al Gobierno, para que accedan, una vez recuperada la salud, a hacer efectivo el Traslado; sólo de esto depende su mejoría. Ni Eduardo, ni yo, estamos pidiendo libertad, ni acusar inocencia; mucho menos abusar de un pasado político; sólo pedimos se nos respete el derecho a estar juntos como familia, coexistiendo en una misma ciudad.
Patricia Martínez Castro
El nombre de mi esposo es Eduardo Guillermo Vivian Badilla, preso político, recluido en el C.C.P. de Concepción desde el 15 de noviembre de 1996.
Él se inició en la lucha política en la Universidad Católica de Valparaíso, en la Jota, en el año 1985, para luego formar parte del Destacamento Estudiantil del Frente Patriótico, ligado al Partido Comunista.
Producto de su profunda sensibilidad, se involucró en un proyecto político social, que tenía como finalidad el desarrollo de los trabajadores, tanto desde el punto de vista cultural como intelectual. De acá se derivaron acciones para financiar programas de radio, periódicos, murgas, encuentros sindicales, ollas comunes, y otras iniciativas.Es así como cae detenido en Quilpué, y posteriormente es trasladado a la ciudad de Concepción.
Consecuente con sus ideales, comenzó a desarrollar muchas iniciativas al interior del penal, iniciativas que han venido beneficiando a muchos internos, principalmente referidas a la preparación para la Prueba de Selección Universitaria.
Hoy no pertenece a ninguna orgánica política y todos estos años se ha esmerado por cumplir con los requisitos del Reglamento de Beneficios intra penitenciarios, que emana de Gendarmería. No obstante cumplirlos todos a cabalidad, el Gobierno, representado en la Dirección Nacional de Gendarmería, le ha negado sistemáticamente la posibilidad de algún beneficio, Eduardo ha postulado a Salida Dominical, desde noviembre del año 2005, ya que desde esa fecha el Reglamento se lo permite. Dadas las constantes negativas, nos hemos embarcado en la solicitud de traslado a la región en que yo resido desde el año 2006, Región de la Araucanía. Estas solicitudes, también han sido denegadas, aduciendo “alto saldo de condena” y “demasiada inteligencia”. Todo este deprimente escenario, ha provocado el colapso total y los lamentables acontecimientos de este domingo 19 de abril de 2009:Mi esposo, Eduardo Vivian, en un estado de shock, intentó quitarse la vida, quemando su cuerpo a lo bonzo. Su salud en estos momentos es considerada de gravedad, se espera hoy martes 21, el retiro de los vendajes a fin de evaluar la situación actual de sus heridas y poder determinar el real riesgo vital.
Desde ya agradecemos las innumerables muestras de solidaridad y afecto y requerimos nos puedan ayudar con la Solicitud de Traslado, ya sea a través de cartas al Ministro de Justicia, y al Director Nacional de Gendarmería, de tal forma que Eduardo, pueda estar físicamente más cerca de su hogar, obvio cuando su salud se lo permita. No es mucho lo que pedimos, únicamente que, al recuperarse, aunque sea por razones humanitarias, no sea devuelto al penal El Manzano y pueda continuar con su reclusión y rehabilitación física en la provincia de Malleco. Sólo eso necesitamos para que su cuerpo y espíritu, quemados por igual, puedan recuperarse paulatinamente. Esta es la constante preocupación y el gran dolor de Eduardo; necesito darle esa noticia para que tenga fuerzas para sobrevivir. Esta crisis se fue generando lentamente por la negativa a las solicitudes de beneficio, pero esta reacción tan radical - intento de suicidio- ha sido producto de una paranoia latente respecto de mi seguridad personal. Muchos años viajando desde Santiago todos los fines de semana, y otros cuanto conduciendo desde Victoria a Concepción, le hicieron delirar y manifestar que yo estaba en peligro de muerte.Termino estas palabras reiterando la necesidad de utilizar todas las vías que nos permitan sensibilizar al Gobierno, para que accedan, una vez recuperada la salud, a hacer efectivo el Traslado; sólo de esto depende su mejoría. Ni Eduardo, ni yo, estamos pidiendo libertad, ni acusar inocencia; mucho menos abusar de un pasado político; sólo pedimos se nos respete el derecho a estar juntos como familia, coexistiendo en una misma ciudad.
Patricia Martínez Castro
Número celular 76676214
Te queremos Gonzalo
Recordando a
Gonzalo Rodrigo Muñoz Aravena
en su cumpleaños
Hoy 21 de Abril, nuestro corazón ansioso y lleno de amor, se traslada a Chile, a Valparaíso, al cementerio de Playa Ancha, donde duerme nuestro amado hijo, hermano y tío, Gonzalo Muñoz.
Es el día de su cumpleaños. Cumpliría 43 años y recordamos sueños desvanecidos, ya que la muerte injusta se lo llevo inmovilizando ideales, amores y esperanzas.
¡Que triste sino, el de los que sueñan con cambiar el mundo!
Se lo llevó la violencia; se fue entre el terror y la rabia..., pero su sonrisa, su juventud y entusiasmo quedó entre nosotros como testimonio de vida; emergen en cada niño desnutrido por el cual el trabajo; renacen cada mañana entre sus amigos y camaradas que no lo han olvidado; vuelven a la vida en todo grito de protesta que se multiplica hasta el infinito.
Han pasado los años y el tiempo ha demostrado que los verdaderos sentimientos nunca mueren, que somos una gran Familia y que los lazos que nos unen se refuerzan, al compartir las mismas aspiraciones y tener las mismas esperanzas de un Chile lindo y mejor, aunque estemos repartidos por el globo.
Así, por estas mismas aspiraciones compartidas, honramos a nuestros muertos, rendimos tributo a la memoria de cada uno de los que quedaron en el camino, golpeados, ultrajados, olvidados, sin llegar a ver el fruto de sus esfuerzos por terminar la Dictadura, igual como Gonzalo.
Feliz Cumpleaños Gonzalo!!!
Desde Canberra , Australia, te besa tu familia.
Te queremos. Siempre vivirás en nuestros corazones.
Gladys, Katia, José Luis, Katita y Gonzalo.
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Hoy 21 de Abril, nuestro corazón ansioso y lleno de amor, se traslada a Chile, a Valparaíso, al cementerio de Playa Ancha, donde duerme nuestro amado hijo, hermano y tío, Gonzalo Muñoz.
Es el día de su cumpleaños. Cumpliría 43 años y recordamos sueños desvanecidos, ya que la muerte injusta se lo llevo inmovilizando ideales, amores y esperanzas.
¡Que triste sino, el de los que sueñan con cambiar el mundo!
Se lo llevó la violencia; se fue entre el terror y la rabia..., pero su sonrisa, su juventud y entusiasmo quedó entre nosotros como testimonio de vida; emergen en cada niño desnutrido por el cual el trabajo; renacen cada mañana entre sus amigos y camaradas que no lo han olvidado; vuelven a la vida en todo grito de protesta que se multiplica hasta el infinito.
Han pasado los años y el tiempo ha demostrado que los verdaderos sentimientos nunca mueren, que somos una gran Familia y que los lazos que nos unen se refuerzan, al compartir las mismas aspiraciones y tener las mismas esperanzas de un Chile lindo y mejor, aunque estemos repartidos por el globo.
Así, por estas mismas aspiraciones compartidas, honramos a nuestros muertos, rendimos tributo a la memoria de cada uno de los que quedaron en el camino, golpeados, ultrajados, olvidados, sin llegar a ver el fruto de sus esfuerzos por terminar la Dictadura, igual como Gonzalo.
Feliz Cumpleaños Gonzalo!!!
Desde Canberra , Australia, te besa tu familia.
Te queremos. Siempre vivirás en nuestros corazones.
Gladys, Katia, José Luis, Katita y Gonzalo.
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Te queremos Gonzalo
Recordando a
Gonzalo Rodrigo Muñoz Aravena
en su cumpleaños
Hoy 21 de Abril, nuestro corazón ansioso y lleno de amor, se traslada a Chile, a Valparaíso, al cementerio de Playa Ancha, donde duerme nuestro amado hijo, hermano y tío, Gonzalo Muñoz.
Es el día de su cumpleaños. Cumpliría 43 años y recordamos sueños desvanecidos, ya que la muerte injusta se lo llevo inmovilizando ideales, amores y esperanzas.
¡Que triste sino, el de los que sueñan con cambiar el mundo!
Se lo llevó la violencia; se fue entre el terror y la rabia..., pero su sonrisa, su juventud y entusiasmo quedó entre nosotros como testimonio de vida; emergen en cada niño desnutrido por el cual el trabajo; renacen cada mañana entre sus amigos y camaradas que no lo han olvidado; vuelven a la vida en todo grito de protesta que se multiplica hasta el infinito.
Han pasado los años y el tiempo ha demostrado que los verdaderos sentimientos nunca mueren, que somos una gran Familia y que los lazos que nos unen se refuerzan, al compartir las mismas aspiraciones y tener las mismas esperanzas de un Chile lindo y mejor, aunque estemos repartidos por el globo.
Así, por estas mismas aspiraciones compartidas, honramos a nuestros muertos, rendimos tributo a la memoria de cada uno de los que quedaron en el camino, golpeados, ultrajados, olvidados, sin llegar a ver el fruto de sus esfuerzos por terminar la Dictadura, igual como Gonzalo.
Feliz Cumpleaños Gonzalo!!!
Desde Canberra , Australia, te besa tu familia.
Te queremos. Siempre vivirás en nuestros corazones.
Gladys, Katia, José Luis, Katita y Gonzalo.
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Hoy 21 de Abril, nuestro corazón ansioso y lleno de amor, se traslada a Chile, a Valparaíso, al cementerio de Playa Ancha, donde duerme nuestro amado hijo, hermano y tío, Gonzalo Muñoz.
Es el día de su cumpleaños. Cumpliría 43 años y recordamos sueños desvanecidos, ya que la muerte injusta se lo llevo inmovilizando ideales, amores y esperanzas.
¡Que triste sino, el de los que sueñan con cambiar el mundo!
Se lo llevó la violencia; se fue entre el terror y la rabia..., pero su sonrisa, su juventud y entusiasmo quedó entre nosotros como testimonio de vida; emergen en cada niño desnutrido por el cual el trabajo; renacen cada mañana entre sus amigos y camaradas que no lo han olvidado; vuelven a la vida en todo grito de protesta que se multiplica hasta el infinito.
Han pasado los años y el tiempo ha demostrado que los verdaderos sentimientos nunca mueren, que somos una gran Familia y que los lazos que nos unen se refuerzan, al compartir las mismas aspiraciones y tener las mismas esperanzas de un Chile lindo y mejor, aunque estemos repartidos por el globo.
Así, por estas mismas aspiraciones compartidas, honramos a nuestros muertos, rendimos tributo a la memoria de cada uno de los que quedaron en el camino, golpeados, ultrajados, olvidados, sin llegar a ver el fruto de sus esfuerzos por terminar la Dictadura, igual como Gonzalo.
Feliz Cumpleaños Gonzalo!!!
Desde Canberra , Australia, te besa tu familia.
Te queremos. Siempre vivirás en nuestros corazones.
Gladys, Katia, José Luis, Katita y Gonzalo.
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MANCOMUNAL DEL PENSAMIENTO CRÍTICO
DECLARACIÓN INAUGURAL DE LA
MANCOMUNAL DEL PENSAMIENTO CRÍTICO
Chile limita al centro de la injusticia
Violeta Parra
El llamado “modelo económico chileno” sólo beneficia a una ínfima minoría. Son rasgos destacados del mismo la expoliación creciente de los trabajadores, el saqueo de nuestras riquezas básicas, la degradación sostenida del medioambiente, la concentración de la riqueza en pocas manos, la profunda desigualdad en la distribución del ingreso, altos niveles de desprotección de la población ante todo tipo de contingencias y mecanismos de representación política que distorsionan gravemente la voluntad popular, amparando el fraude, la usura, el nepotismo y la corrupción más desenfrenados.
Otro tanto acontece a escala global. Como resultado de la voracidad del gran capital, hoy nos vemos enfrentados a una profunda crisis civilizatoria que cobra expresión en las abismales desigualdades sociales existentes, en las múltiples manifestaciones de violencia social y política concomitantes y en la catástrofe ambiental que se desarrolla ante nuestros ojos.
El pensamiento neoliberal nos pinta un mundo de fantasía. Las incuestionables realidades antes señaladas son, sin embargo, sistemáticamente ignoradas o profundamente desvirtuadas. Desde las altas esferas del poder económico, la llamada “clase política”, los centros académicos y los medios de comunicación, se nos presenta al mundo actual como el mejor de los posibles.
A la base de esa representación engañosa, pero amplia y fuertemente difundida, se encuentra la silenciosa labor que, desde los think-tanks vinculados a los sectores políticos que hoy cogobiernan el país, desarrolla la amplia y bien pagada franja de intelectuales que trabaja al servicio de las clases dominantes. Quienes laboran en instituciones como Paz Ciudadana, Libertad y Desarrollo, el Centro de Estudios Públicos, Project-América, CIEPLAN, Expansiva, la Fundación Jaime Guzmán, Chile XXI y diversos grupos de investigadores de distintas universidades, contando con la mentoría intelectual y el apoyo financiero de una vasta red de organismos internacionales y del propio Estado chileno, consagran sus mejores energías y su talento a defender, consolidar y proyectar el sistema económico vigente, y con ello el tipo de sociedad de clases en que vivimos, siendo hoy uno de los principales focos temáticos de su labor la “modernización del Estado”.
Esto, sumado al hecho de que no existen ni una Izquierda Parlamentaria ni centros de estudios que, con medios equivalentes, trabajen en sintonía con los problemas de la baja ciudadanía y los sectores populares configura, desde la perspectiva de todos los que aspiramos a recomponer las relaciones sociales sobre la base del reconocimiento y respeto de la soberanía popular, una situación sumamente grave que necesita, de algún modo, ser prontamente encarada.
La necesidad de un rearme ideológico del movimiento popular Las nuevas formas de explotación, de exclusión, marginalidad y conflicto subjetivo han logrado desorientar, fragmentar y dispersar al movimiento popular. Se hace necesario un estudio sistemático y profundo para poner de relieve y denunciar eficientemente el significado de estas nuevas formas de dominación, permitiendo generar desde la base social un movimiento cultural y político capaz de sobreponerse a la hegemonía burguesa y proyectarse, con éxito, hacia una democratización real y profunda de la sociedad chilena en todos sus aspectos: económico, social político y cultural.
Esa necesidad plantea un desafío ético y profesional a los intelectuales y ciudadanos que tienen sensibilidad social y conciencia histórica de lo que ocurre. Es preciso reanimar el pensamiento crítico y la proyección propositiva del movimiento popular, pero no centrado en un ejercicio académico de elites profesionales que necesitan ser generosamente remuneradas, sino en el ejercicio libre de intelectuales y profesionales unidos por gestación comunitaria; en un trabajo institucionalizado y eficiente, pero de ética colectiva responsable; y en una proyección política creciente, pero no como centro o partido, sino como levadura coadyuvante de un movimiento popular amplio.
La experiencia acumulada recientemente indica que la reanimación cultural y política del movimiento popular no vendrá ni de las “universidades progresistas” ni de este o aquel centro académico con sensibilidad social, sino de la propia auto-educación popular, con la ayuda desinteresada de un nuevo tipo de ‘chispa intelectual’ de rango profesional. Una chispa que no brille por arriba, sino que ilumine por dentro de la base social. Una chispa que debe articularse del mismo modo en que lo está haciendo esa base social: por autogestión y mutualidad. Una organización del pensamiento crítico que se proponga disputar, en todos los espacios sociales y políticos, la hegemonía que hasta hoy ejerce el pensamiento único neoliberal o que pueda ejercer cualquier otro tipo de discurso ideológico burgués.
¿Por qué una “Mancomunal”?
Hemos acordado constituir una “Mancomunal del Pensamiento Crítico”, capaz de ser levadura de ese indispensable proceso de auto-educación popular. ¿Por qué “Mancomunal”? Porque esta denominación evoca el punto de vista de clase con que nos interesa abordar los grandes problemas y desafíos del presente. Ese fue el nombre de las organizaciones obreras que existieron hace un siglo, cuando Chile se aprestaba a conmemorar el primer Centenario del Estado republicano. Dichas organizaciones constituyeron uno de los esfuerzos de autoorganización más señeros de los trabajadores en el cuadro de un Estado oligárquico que se negaba a admitir la existencia de la espinuda “cuestión social” y cuya respuesta principal ante las demandas proletarias, era la represión.
Para hacer frente a la crítica condición popular, para unir y educar a los trabajadores, organizar sus luchas y darles una perspectiva política general, las mancomunales se dotaron de plataformas de lucha y programas, publicaron periódicos, incentivaron la organización popular, constituyeron fondos sociales autogestionados, dirigieron huelgas e incursionaron en el terreno político. Ellas adoptaron formas de organización muy flexibles, de acuerdo con sus características de positiva hibridez en tanto instituciones que combinaban las tareas mutualistas y sindicales, de educación, ilustración y recreación popular. En consecuencia, admitían en su seno a diversos gremios obreros (hombres y mujeres) e intentaban agrupar a la diversidad de organizaciones populares, que en algunas ciudades incluía las sociedades de resistencia.
Un instrumento de nuevo tipo
La Mancomunal del Pensamiento Crítico nace en otro contexto y en base a otros sujetos sociales (intelectuales, profesionales, artistas, activistas de organizaciones sociopolíticas populares) para desarrollar una lucha en el terreno de las ideas, con una orientación y características muy distintas a las de otros centros de producción intelectual existentes actualmente en Chile. Se tratará de una institución que no pagará sueldos a los intelectuales y activistas que quieran ingresar en ella, sino al contrario: exigirá de ellos un pago de cuotas en proporción a sus ingresos como expresión de su compromiso real con la tarea que debiera unirnos a todos. Un centro de elaboración de ideas que no se regirá ni por el sueldo ni por el prestigio sino por el compromiso, la solidaridad, la responsabilidad y la eficiencia.
Esta Mancomunal se centrará en la investigación, el estudio y la propuesta, al nivel necesario para salirle al camino, competir mano a mano y doblegar en el terreno de las ideas a los think-tanks neoliberales. Esta iniciativa aspira a lograr un crecimiento cuantitativo y cualitativo que le permita formar equipos de trabajo temáticos (Cultura, Educación, Asamblea Constituyente, Trabajo, Salud, Economía, Defensa, sindicalismo, movimientos sociales, mujeres, jóvenes, Ecología, pueblos originarios, etc.) en distintos puntos del país. En segundo lugar, formar una red de instituciones asociadas o federadas a la Mancomunal del Pensamiento Crítico mediante acuerdos de colaboración basados en una convergencia esencial de principios y propósitos. Una tercera línea de acción se estructurará en torno a convenios de colaboración con organizaciones sociales, en base a principios de cooperación mutua que excluyan el paternalismo o el asistencialismo que caracteriza en muchos casos las relaciones entre ONGs de intelectuales y organizaciones populares.
Entre los aspectos del discurso ideológico dominante y de las realidades que necesitan ser confrontadas desde la perspectiva de las clases subalternas podemos mencionar, la interpretación neoportaliana de la historia de Chile, la pretensión de cientificidad asociada al discurso de los economistas ortodoxos, el inmenso perjuicio que para la mayoría de los chilenos suponen las políticas económicas, sociales y medioambientales actualmente en aplicación, el modo completamente distorsionado en que desde la ideología dominante se aborda y se trata persistentemente el tema de la violencia social, la arquitectura jurídico-política del Estado que distorsiona y de hecho niega real reconocimiento y respeto a la soberanía popular y el rol deliberadamente alienante que desempeñan actualmente los medios de comunicación de masas.
Nuestro llamamiento
Acometiendo el estudio y caracterización de esos problemas, levantando frente a ellos las propuestas que nos parezcan pertinentes, debatiéndolas y difundiéndolas lo más ampliamente posible, en estrecho contacto con las organizaciones populares, estaremos aportando una contribución que nos parece hoy indispensable para potenciar el rearme ideológico, político y organizativo del pueblo trabajador chileno y poner de esa manera en marcha un proceso de democratización real y profunda de la sociedad en todos los planos.
Se trata de avanzar teniendo como meta la construcción de un Chile para todos, ayudando a rearticular al sujeto protagónico de esta lucha y a ponerlo en condiciones de desplegar un accionar consistente en pro de sus derechos, intereses y aspiraciones, para alcanzar la vida digna, segura y confortable que las condiciones materiales del mundo actual posibilitan. En consecuencia, llamamos a todos los intelectuales, profesionales y dirigentes sociales que se sientan identificados con estos propósitos a sumarse activamente al trabajo de esta naciente Mancomunal del Pensamiento Crítico.
Santiago, abril de 2009.
Comité de Iniciativa:
Silvia Aguilera, editora; Patricio Cid, médico cirujano; María Eugenia Domínguez, periodista; Claudia Drago, profesora; Claudio Duarte, sociólogo; Mario Garcés, historiador; Jorge Gonzalorena, sociólogo; Sergio Grez, historiador; Carlos Molina, médico cirujano; Manuel Ossa, teólogo; Manuel Rubio, profesor; Gabriel Salazar, historiador; Ángel Saldomando, economista y cientista político; Carlos Sandoval, historiador; María Emilia Tijoux, socióloga; Miguel Urrutia, sociólogo y profesor de Historia.
Correo electrónico: mancomunal@gmail.com
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MANCOMUNAL DEL PENSAMIENTO CRÍTICO
Chile limita al centro de la injusticia
Violeta Parra
El llamado “modelo económico chileno” sólo beneficia a una ínfima minoría. Son rasgos destacados del mismo la expoliación creciente de los trabajadores, el saqueo de nuestras riquezas básicas, la degradación sostenida del medioambiente, la concentración de la riqueza en pocas manos, la profunda desigualdad en la distribución del ingreso, altos niveles de desprotección de la población ante todo tipo de contingencias y mecanismos de representación política que distorsionan gravemente la voluntad popular, amparando el fraude, la usura, el nepotismo y la corrupción más desenfrenados.
Otro tanto acontece a escala global. Como resultado de la voracidad del gran capital, hoy nos vemos enfrentados a una profunda crisis civilizatoria que cobra expresión en las abismales desigualdades sociales existentes, en las múltiples manifestaciones de violencia social y política concomitantes y en la catástrofe ambiental que se desarrolla ante nuestros ojos.
El pensamiento neoliberal nos pinta un mundo de fantasía. Las incuestionables realidades antes señaladas son, sin embargo, sistemáticamente ignoradas o profundamente desvirtuadas. Desde las altas esferas del poder económico, la llamada “clase política”, los centros académicos y los medios de comunicación, se nos presenta al mundo actual como el mejor de los posibles.
A la base de esa representación engañosa, pero amplia y fuertemente difundida, se encuentra la silenciosa labor que, desde los think-tanks vinculados a los sectores políticos que hoy cogobiernan el país, desarrolla la amplia y bien pagada franja de intelectuales que trabaja al servicio de las clases dominantes. Quienes laboran en instituciones como Paz Ciudadana, Libertad y Desarrollo, el Centro de Estudios Públicos, Project-América, CIEPLAN, Expansiva, la Fundación Jaime Guzmán, Chile XXI y diversos grupos de investigadores de distintas universidades, contando con la mentoría intelectual y el apoyo financiero de una vasta red de organismos internacionales y del propio Estado chileno, consagran sus mejores energías y su talento a defender, consolidar y proyectar el sistema económico vigente, y con ello el tipo de sociedad de clases en que vivimos, siendo hoy uno de los principales focos temáticos de su labor la “modernización del Estado”.
Esto, sumado al hecho de que no existen ni una Izquierda Parlamentaria ni centros de estudios que, con medios equivalentes, trabajen en sintonía con los problemas de la baja ciudadanía y los sectores populares configura, desde la perspectiva de todos los que aspiramos a recomponer las relaciones sociales sobre la base del reconocimiento y respeto de la soberanía popular, una situación sumamente grave que necesita, de algún modo, ser prontamente encarada.
La necesidad de un rearme ideológico del movimiento popular Las nuevas formas de explotación, de exclusión, marginalidad y conflicto subjetivo han logrado desorientar, fragmentar y dispersar al movimiento popular. Se hace necesario un estudio sistemático y profundo para poner de relieve y denunciar eficientemente el significado de estas nuevas formas de dominación, permitiendo generar desde la base social un movimiento cultural y político capaz de sobreponerse a la hegemonía burguesa y proyectarse, con éxito, hacia una democratización real y profunda de la sociedad chilena en todos sus aspectos: económico, social político y cultural.
Esa necesidad plantea un desafío ético y profesional a los intelectuales y ciudadanos que tienen sensibilidad social y conciencia histórica de lo que ocurre. Es preciso reanimar el pensamiento crítico y la proyección propositiva del movimiento popular, pero no centrado en un ejercicio académico de elites profesionales que necesitan ser generosamente remuneradas, sino en el ejercicio libre de intelectuales y profesionales unidos por gestación comunitaria; en un trabajo institucionalizado y eficiente, pero de ética colectiva responsable; y en una proyección política creciente, pero no como centro o partido, sino como levadura coadyuvante de un movimiento popular amplio.
La experiencia acumulada recientemente indica que la reanimación cultural y política del movimiento popular no vendrá ni de las “universidades progresistas” ni de este o aquel centro académico con sensibilidad social, sino de la propia auto-educación popular, con la ayuda desinteresada de un nuevo tipo de ‘chispa intelectual’ de rango profesional. Una chispa que no brille por arriba, sino que ilumine por dentro de la base social. Una chispa que debe articularse del mismo modo en que lo está haciendo esa base social: por autogestión y mutualidad. Una organización del pensamiento crítico que se proponga disputar, en todos los espacios sociales y políticos, la hegemonía que hasta hoy ejerce el pensamiento único neoliberal o que pueda ejercer cualquier otro tipo de discurso ideológico burgués.
¿Por qué una “Mancomunal”?
Hemos acordado constituir una “Mancomunal del Pensamiento Crítico”, capaz de ser levadura de ese indispensable proceso de auto-educación popular. ¿Por qué “Mancomunal”? Porque esta denominación evoca el punto de vista de clase con que nos interesa abordar los grandes problemas y desafíos del presente. Ese fue el nombre de las organizaciones obreras que existieron hace un siglo, cuando Chile se aprestaba a conmemorar el primer Centenario del Estado republicano. Dichas organizaciones constituyeron uno de los esfuerzos de autoorganización más señeros de los trabajadores en el cuadro de un Estado oligárquico que se negaba a admitir la existencia de la espinuda “cuestión social” y cuya respuesta principal ante las demandas proletarias, era la represión.
Para hacer frente a la crítica condición popular, para unir y educar a los trabajadores, organizar sus luchas y darles una perspectiva política general, las mancomunales se dotaron de plataformas de lucha y programas, publicaron periódicos, incentivaron la organización popular, constituyeron fondos sociales autogestionados, dirigieron huelgas e incursionaron en el terreno político. Ellas adoptaron formas de organización muy flexibles, de acuerdo con sus características de positiva hibridez en tanto instituciones que combinaban las tareas mutualistas y sindicales, de educación, ilustración y recreación popular. En consecuencia, admitían en su seno a diversos gremios obreros (hombres y mujeres) e intentaban agrupar a la diversidad de organizaciones populares, que en algunas ciudades incluía las sociedades de resistencia.
Un instrumento de nuevo tipo
La Mancomunal del Pensamiento Crítico nace en otro contexto y en base a otros sujetos sociales (intelectuales, profesionales, artistas, activistas de organizaciones sociopolíticas populares) para desarrollar una lucha en el terreno de las ideas, con una orientación y características muy distintas a las de otros centros de producción intelectual existentes actualmente en Chile. Se tratará de una institución que no pagará sueldos a los intelectuales y activistas que quieran ingresar en ella, sino al contrario: exigirá de ellos un pago de cuotas en proporción a sus ingresos como expresión de su compromiso real con la tarea que debiera unirnos a todos. Un centro de elaboración de ideas que no se regirá ni por el sueldo ni por el prestigio sino por el compromiso, la solidaridad, la responsabilidad y la eficiencia.
Esta Mancomunal se centrará en la investigación, el estudio y la propuesta, al nivel necesario para salirle al camino, competir mano a mano y doblegar en el terreno de las ideas a los think-tanks neoliberales. Esta iniciativa aspira a lograr un crecimiento cuantitativo y cualitativo que le permita formar equipos de trabajo temáticos (Cultura, Educación, Asamblea Constituyente, Trabajo, Salud, Economía, Defensa, sindicalismo, movimientos sociales, mujeres, jóvenes, Ecología, pueblos originarios, etc.) en distintos puntos del país. En segundo lugar, formar una red de instituciones asociadas o federadas a la Mancomunal del Pensamiento Crítico mediante acuerdos de colaboración basados en una convergencia esencial de principios y propósitos. Una tercera línea de acción se estructurará en torno a convenios de colaboración con organizaciones sociales, en base a principios de cooperación mutua que excluyan el paternalismo o el asistencialismo que caracteriza en muchos casos las relaciones entre ONGs de intelectuales y organizaciones populares.
Entre los aspectos del discurso ideológico dominante y de las realidades que necesitan ser confrontadas desde la perspectiva de las clases subalternas podemos mencionar, la interpretación neoportaliana de la historia de Chile, la pretensión de cientificidad asociada al discurso de los economistas ortodoxos, el inmenso perjuicio que para la mayoría de los chilenos suponen las políticas económicas, sociales y medioambientales actualmente en aplicación, el modo completamente distorsionado en que desde la ideología dominante se aborda y se trata persistentemente el tema de la violencia social, la arquitectura jurídico-política del Estado que distorsiona y de hecho niega real reconocimiento y respeto a la soberanía popular y el rol deliberadamente alienante que desempeñan actualmente los medios de comunicación de masas.
Nuestro llamamiento
Acometiendo el estudio y caracterización de esos problemas, levantando frente a ellos las propuestas que nos parezcan pertinentes, debatiéndolas y difundiéndolas lo más ampliamente posible, en estrecho contacto con las organizaciones populares, estaremos aportando una contribución que nos parece hoy indispensable para potenciar el rearme ideológico, político y organizativo del pueblo trabajador chileno y poner de esa manera en marcha un proceso de democratización real y profunda de la sociedad en todos los planos.
Se trata de avanzar teniendo como meta la construcción de un Chile para todos, ayudando a rearticular al sujeto protagónico de esta lucha y a ponerlo en condiciones de desplegar un accionar consistente en pro de sus derechos, intereses y aspiraciones, para alcanzar la vida digna, segura y confortable que las condiciones materiales del mundo actual posibilitan. En consecuencia, llamamos a todos los intelectuales, profesionales y dirigentes sociales que se sientan identificados con estos propósitos a sumarse activamente al trabajo de esta naciente Mancomunal del Pensamiento Crítico.
Santiago, abril de 2009.
Comité de Iniciativa:
Silvia Aguilera, editora; Patricio Cid, médico cirujano; María Eugenia Domínguez, periodista; Claudia Drago, profesora; Claudio Duarte, sociólogo; Mario Garcés, historiador; Jorge Gonzalorena, sociólogo; Sergio Grez, historiador; Carlos Molina, médico cirujano; Manuel Ossa, teólogo; Manuel Rubio, profesor; Gabriel Salazar, historiador; Ángel Saldomando, economista y cientista político; Carlos Sandoval, historiador; María Emilia Tijoux, socióloga; Miguel Urrutia, sociólogo y profesor de Historia.
Correo electrónico: mancomunal@gmail.com
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